Athletic Club | Irene Paredes PSG Champions Femenina
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Paredes se frena ante el 'muro'

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Antes de nada, lamentar mi despiste, y pedirles a ustedes mis más sentidas disculpas por haber llegado a casa con el partido a falta de quince minutos para su finalización. Se me había ido la olla, o, para ser correcto con la realidad de los hechos, mientras me tomaba un cafecito con pastas en el templo de Victor, me había devorado el periódico del bar sin reparar en que, a partir de las 20:30, se disputaba en Cardiff la final femenina de fútbol de la Champions League.

Olimpique de Lyon versus el París San Germain de 'nuestra' Irene Paredes, la portentosa 'libero' del Athletic Club que, el curso pasado, se proclamara campeona de la liga Iberdrola, un título peleado hasta la sangre por las pupilas de Joseba Agirre.  Cero a cero reflejaba el luminoso. Las "gafas de Jhon Lennon", que decía en "la Popu" el bueno de Koldo Campo en evidente 'compincheo' con el Jefe de la 'banda', un tal José Iragorri, no sé si les suena. Visto lo que empezaba a ver, la igualada sin tantos era el fiel reflejo de un partido que nadie quería perder porque ninguna de las dos escuadras se veía superior a la otra.  La pelota la tenía el Olimpique. Y se jugaba en campo del "Germain". Pero era una posesión y una posición que no invitaban al gol, sino al esmero intenso, al ordenado trabajo táctico para que el rival no marcara, lo que habría supuesto el título para unas, y la derrota para las otras.  Se veía a un París notablemente fatigado. De ahí su repliegue intensivo en campo propio, pero de ahí, también, que el Olimpique se afanara más en guardar su viña que en saquear la huerta de su oponente. Estaba cantado que aquello se iba a la prórroga. Porque las unas no progresaban, y a las otras el intelecto para crear no les asistía.  Quince fueron los minutos de juego reglamentado que pude ver. Otros quince los de la primera parte de la prórroga, y el último cuarto de hora para consumar el ritual. Declarando que no puedo opinar al respecto de lo que no pude ver, me centré en lo que veía, diciéndome a mí mismo lo que un niño cargado de ilusión se diría: "Estamos en el 75'.   Cierto. Pero...que pase el tiempo de otro partido más antes de que el árbitro nos diga a todos que el encuentro ha llegado a su fin. Cosas infantiles. Que suceden tan solo cuando uno sueña y se cumple lo soñado...  En un escenario tal, situación muy delicada para ambas, era harto difícil que Irene Paredes, la 'lanzadora de jabalina de Legazpia' se dejara ver, y eso que la chica se alza hasta los 178 centímetros y tiene un físico de lo que es, una atleta desde los pies, botas de seda, hasta la cabeza, una mente pensante hasta el extremo de la intuición y la sabiduría.   Algún salto para atacar el esférico con la testa, alguna anticipación, jugar con la portera que no está el horno para bollos, entrega a su pareja de baile en el centro de la zaga... o desplazar en largo con milimétrica exactitud para que lo suyo sea un centro preciso y no un pelotazo porque la pelota me quema.  Muy dura, en desgaste, tuvo que ser la contienda para llegar al tramo final casi extenuadas. Visto lo que se veía: unas, dueñas , y otras, a la espera de que la huerta quedara desguarnecida por abandono y vuelta al hogar, dulce hogar, cobraba un valor casi absoluto la clasificación final de una liga francesa de doce equipos en la que el PSG Femenino, con 16-2-4, números para 50 puntos, había quedado a 13 del Olimpique Lyon, 63, fruto de 21 victorias, ningún empate... y una sola derrota.  Más allá de estos registros, llaman la atención los 103 goles encajados por las chicas de Lyon, y los sólo 3 recibidos, una barbaridad, un festín con la puerta muy cerrada para evitar la intromisión de inquilinos indeseables. El PSG de Paredes, con  54, se quedó a casi 50 tantos del equipo campeón, y los sólo 16 goles que les habían encajado se habían quedado en un bonito registro para alabar el trabajo defensivo y la pericia de una portera que acabaría convirtiéndose en la mala de la película al errar en la tanda de penaltis un golpeo que de ningún modo tendría que haber corrido de su cargo: 7 de 8 para el Olimpique Lyones; 6 de 7 para él PSG.  Si los cálculos no me traicionan, al equipo de Irene Paredes le quedaban 3 balas en la recámara como para verse tan apurado y tener que recurrir a Kiedrynek, la portera polaca a la que su mister le encargó un marron de mucho cuidado, o, dicho al estilo de mi querido Jaime Ugarte, el más sabio a la hora de recurrir a la metáfora, al dicho, a la alegoría, ya corta, larga o mediada, "Tíralo tu, maja, que me debes más dinero que el PP a la Hacienda Publica"...  Incidían los dos comentaristas en el hecho de que, habiendo fallado Paredes con cercanía en el tiempo desde el punto fatídico, y habiendo sido su error de envergadura, el miedo al fallo la tenía todavía presa. Aparte de ella, habia dos compañeras con licencia federativa para 'matar'. O no confiaba en ellas, o la fe que tenía en su portera era digna del mismísimo santo Job con respecto a ese señor suyo que lo había dejado para los buitres y las hienas.  Fuera como  fuese, el caso es que, ante la extrañeza de los dos spikers, la cancerbera polaca se dirigió al punto de penalti como esas estudiantes que se acercan a la mesa de su profesora para recoger su libro de notas. Cogio 'bolida', ni corta ni larga, arrancó, y a la hora del golpeo, escenificó un toque exagerado con el interior total de su pie derecho, al que le fue añadido una pizca de tobillo por aquello de que el miedo le llegaba hasta los huesos.   El resultado, el peor: el esférico se pierde por su izquierda, palo derecho de la portera, desafío de guardametas, y todo porque, con cuatro elementos en la bancada, el mister del PSG, Patrice Lair,  se decantó por su 'golera' , extraña decisión, al día siguiente, en la portada de L'Equipe, todo serán tantos palos como los que recibió Unai Emery tras un planteamiento tan cobarde y pueril como el que puso  en escena en el Camp Nou para tratar de hacer valer su 4-0 cosechado en la ciudad de la luz.  A Irene Paredes, al igual que a sus dos compañeras que no llegaron a lanzar en la suerte de los penaltis porque su entrenador así lo quiso, les quedará el consuelo de no haber sido ninguna de ellas esa que "tranquila, tranquila, no pasa nada, alguien tenía que fallar, podíamos haber sido cualquiera de las que formábamos el once al final de la contienda, tranquila, piensa en que a estas alturas de la película no hay ningún partido que se esté resolviendo lanzando penaltis, todos ellos concluyeron, no llores, Ponte a cantar, cantemos todas a una "Allons mes amies / faut partir/ Fauts'en aller a la maison / La tete plaine de chansons/ et le coeur plaine de souvenirs".  ¿Partamos?... ¿A dónde? ¿A casa, me decís? ¿Mi cabeza llena de canciones? ¿El corazón, lleno de recuerdos?... Cuando el berrinche se me pase, iré a la casa de nuestro entrenador. Y cuando estemos cara a cara, le diré, ¿Por qué me has hecho esto, por qué?
Un artículo para ElDesmarque Bizkaia de Luis María Pérez 'Kuitxi'.
Periodista, montañero y exfutbolista del Club Portugalete

Un contenido de:
Kuitxi

Domingo, 04 de junio de 2017. 08:05
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