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Expedición al Cañón del Río Lobos (Segunda entrega)

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"Poca agua y ningún lobo". De Hontoria del Pinar a Ucero; de Burgos a Soria... Parque Natural del 'Cañón del Río Lobos'. 10.000 hectáreas: un tercio, sudeste de Burgos; dos tercios, noroeste de Soria.

Eskaintza: A ella, que me ofreció su mano para que no me ahogara.  Cita: La Naturaleza es un monstruo confuso e informe           al cual el hombre hace saltar por los aros de papel           que le va presentando.
        Pío BAROJA   Ahora es de mañana e iniciamos la ruta, nos dicen que larga, nadie se cree que entera la hagamos, veintitantos kilómetros, y eso de ida, de vuelta otros tantos, no hay atajos, el cañón es el que es, sus paredes son muy altas, imposible su escalada, y, además, en su parte más alta, hay buitres leonados y águilas reales que vigilan al senderista, que en él fijan su certera mirada, gesto conminatorio, por si intentan la escapada. A nosotros nos da igual, no creemos que un ave nos haga daño, y, además, nada más lejos de nuestra intención que salir del camino buscando un atajo. Nos han dicho que es "uno de los paisajes más bellos y famosos de España"...
  A por él vamos, a recorrerlo, a devorarlo con los ojos, también comeremos cuando llegue la hora, llevamos mochila para transportar el alimento, pero ésta no se verá claramente hasta la última fotografía del día, la decimosegunda, algo parece colgar de mi cuello en la séptima y en la decimoprimera, pero yo no pondría la mano en el fuego  diciendo, Mochila a la vista, la imagen es un tanto oscura, podría fácilmente equivocarme...  Nos dicen que un río recorre el suelo del cañón, pero es un río sin agua, seco, será porque es verano, la excusa no nos sirve, todo río debe serlo siempre, agua debe llevar, como lágrimas lleva el ser humano aún en sus días más secos y ásperos...  El agua aparece, Parece que pronto, dirá el que repase esta colección, pero su apariencia será engaño, porque entre la primera y segunda fotografía media un abismo, no en el sentido de precipicio, sino en el espacio y en el tiempo: hemos recorrido varios kilómetros de río yermo, solo piedras y arena, como de playa esta última, algún osado podrá decir que el mar llego hasta aquí y nos dejó sus arenas y sus conchas trituradas...
  El paisaje es bonito, cómo negarlo, pero nos lo han vendido tan 'caro'  que exigimos mucho a cambio, una emoción jamás sentida, un ¡Oh! de admiración, un desmayo de hermosura... Llegan las primeras aguas, forman una charca, y tú te sientas en la ribera de este río en miniatura, seria esta vez, con las piernas recogidas, como si fueras mujer elegante que evitara montar a caballo ofreciendo a la espalda del animal  tu sexo: en las  'pelis' de vaqueros lo he visto, por eso te lo digo...  Los árboles que se inclinan como adorándote, por fin el verdor, el agua trae la vida, digámoslo, bendigamos ríos como el Tigris y el Eúfrates que nos regalaron la escritura, alabemos al Nilo que acogió a Moisés y creó un mundo de Faraones y Pirámides. Alegrémonos porque, por fin, ya era hora, el agua apareció. De contentos que estamos, dejamos entonces que los niños vengan a nosotros, los niños, ¡criaturas!, hay que ser como ellos para llegar al final de este viaje con el Cielo asegurado.   Son varios, al azar escogemos uno, lo colocamos entre nosotros, como dándole  calor, y, mientras tú sonríes, como casi siempre, y yo poso serio, como acostumbro, el muchacho traiciona nuestras buenas intenciones exhibiendo ante la cámara un tiragomas, arma mortífera con la que dispara piedras, ciegas dicen que son, pero el chiquillo tiene ojos para dirigir su munición contra las ranas, sapos, anuros, urodelos, no hacen distingos, todo anfibio es susceptible de ceder a la pedrada, y hasta el bíblico Goliat podría caer si la teoría del eterno retorno lo ubicara en el Cañón forzándolo a bañarse en pelotas en lo más profundo de lo acuoso.

¿Sería descabellado que el crío que blande el tiragomas llevara por nombre David?... Batracios, en fin, mejor oficiar de submarino que de cáscara de nuez con pacífica bandera, crueles infantes, y a las ranas, qué les esperaría tras el fatídico impacto de la bala de piedra sobre la tierna cabecita: ¡convertirse en ancas, oh, lo que más duele, no tener tiempo para poder ser el príncipe que un día fueron...  Cuatro (fotos)... y de nuevo el río seco, pero sería mezquindad negar este colosal espectáculo que contemplamos, dejemos al hombre y a su sombra, que no es Rodas ni Sansón, es un 'tirillas', lo dice la tía Toñi, Goian bego!... Fijémonos en estas paredes altísimas, en sus formas caprichosas, en sus colores, en sus oquedades, en todo, y reconozcamos el mérito del viento y el agua, y del tiempo, que sin su paso nada seríamos, ni siquiera 'muerte'.   También lo hermoso puede ser monótono y no por ello deja de gustar. Guardamos la cámara, abrimos los ojos, los niños ya se fueron y ahora estamos en los dominios de una ermita. Bonito lugar el que escogieron sus constructores, hay verde de árboles y plantas, hay, sigue habiendo, altas paredes, y también, al otro lado, altas rocas que dibujan formas caprichosas, una es mi asiento, otra es mi techo; una es tu cielo y otra, el suelo sobre el que de pie te sostienes. Oscuridad para mí, la luz del sol que por detrás entra para iluminarte: tu falda, tu k, el jersey atado a tu cintura...
  Paso la hoja, ya voy por la octava (fotografia), en ella creo estar cuando retrocedo buscando si el número es verdadero, y compruebo, con rabia y amargura, que un grave fallo cometí al empezar este segundo apartado del Cuaderno de Viajes. Me he comido dos, antes de aquella foto ya descrita que yo consideraba primera, había dos, imperdonable si no hubiera lugar y tiempo para la corrección, esto no es un libro ya editado, qué vergüenza si así fuera, es algo muy casero, y así hago lo que conviene, rectificar como el sabio que, siendo humano, se equivocó. La primera y la segunda fotografía, las verdaderas, vienen a ser algo así como la que fue primera y ahora es tercera, pero partida en dos, tú por tu camino, yo por el mío, que son el mismo: tierra, piedra y arena, árboles bajos... y estas paredes de piedra tan altas que nos han de acompañar a lo largo del camino.   Es la décima, pues, la que me toca describir, invéntate tú ahora mil palabras para decir algo tan sencillo: que alguien captó la ermita desde una altura, detrás de ella la misma piedra alta y tremenda que convierte el edificio religioso en algo insignificante. La que hace el número once es casi la misma, pero contigo, cabeza inclinada, viejo vicio que te cuesta erradicar. Cuando llega el número trece, me meto en una cueva, y, desde allí, te recojo a ti, recojo también la arena, la piedra, el árbol y la ermita, el farallón escarpado detrás, digamos "farallón" y no pared, para ser exactos y no cansar  al lector utilizando siempre la misma palabra.
  La fotografía que lleva el número 14 es la imagen típica que desde este lugar del Cañón sale en todas las postales: yo, a las puertas de la cueva, y tú, en sus negras entrañas. Desde allí, tus ojos ven lo que la cámara fielmente recoge: a mí, irreconocible por la negrura de las sombras, la arena, el árbol, la ermita y el farallón. Cualquiera puede ser fotógrafo y vender su material para una revista de viajes. No es por quitarte mérito, mujer, es que tan sólo, para esta labor, se basta uno con el buen gusto y la intuición.  Catorce... y terminamos con este viaje que no tan sólo nos ha llevado de un lado a otro del Cañón, de Burgos  a Soria, de Hontoria del Pinar a Ucero, sino que, por propia voluntad, alargamos en unos kilómetros para acercarnos al Burgo de Osma, nos pica la curiosidad, muy bien nos han hablado de esta ciudad monumental. El camino es carretera, hago de mujer y saco el dedo, nos paran de inmediato, debo de ser irresistible, fenómeno de masas, todos me acogen, y a ti conmigo. Deprisa, que no se vaya la luz del sol, cómo será Osma, su Catedral, cómo de elegantes Irán vestidos los novios, cuánto de acogedor el Casco Viejo, qué bonitas las tiendas... y qué ricos los dulces que venden en las confiterías.
  EPÍLOGO A LA AVENTURA DEL CAÑÓN   Se nos hace de noche en el Burgo de Osma. Hay que regresar adonde 'el Chato' y poca luz nos queda para lo del 'autoestop'. Llamamos a un taxi, lo llamas tú, quedas en no sé qué sitio con Valentín. Este hombre resulta ser un sol. Habla con nosotros, lo hace con voz de sosegada conciencia. Nos habla de su familia, de las ganas que tiene su mujer de que se jubile, él, no su mujer, éstas encuentran trabajo en cualquier rincón de la casa, donde uno no ve nada siempre hay algo que arreglar, que coser, que limpiar.   Conoce de nuestra tierra casi más que nosotros, Portugalete y su Puente Colgante, a Laiseka, ciclista de 'Euskaltel', a Julen Guerrero, el jugador, al mismísimo José Ángel Iribar, "El Txopo". Los conoce, los ha tratado, los ama, dejémonos de rodeos y digamos claramente que Valentín... ¡es del Athletic!, preside en 'El Burgo' una de las dos Peñas que nuestro equipo tiene en esta ciudad a la que llegamos en coche y en coche abandonamos, ahora pagando, todavía es taxista el conductor. Viajamos de noche, de noche llegamos a Hontoria.   Nos deja Valentín a las puertas de nuestra posada. Una tarjeta con sus señas, un saludo muy cordial, para hacerle sentir que, yo al menos, ya he aprendido a amarlo. Luego, la habitación, la ducha, el descanso, y el miedo que pasé antes de estallar en júbilo al saber por la radio que el Athletic cLUB se había hecho, frente al 'Depor' en Riazor, con los tres puntos, un gol ellos, dos nosotros, Guerrero y Urzaiz fueron los goleadores. Gracias, me habéis salvado la cena y la noche, y habéis hecho esplendorosa la caminata por el Cañon del Río Lobos, bello pero no tanto. Ya llegará la lluvia...
  (To be continued... 'El Cañón' se ha terminado, pero el viaje, no, queda el domingo, dos pueblos más, Hacinas y su 'Romería de la Virgen de Santa Lucía'; Navas del Pinar  y los caballos  de Teófilo Palacios...).
Por Luis María Pérez, 'Kuitxi', exfutbolista, mendizale, narrador de viajes y periodista

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Kuitxi

Domingo, 14 de enero de 2018. 09:58
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