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Resurrección en Euskal Etxea de Madrid

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ElDesmarque

Martes, 10 de abril de 2018. 19:53

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Hace unos días, Asís Martín, mi editor de ElDesmarque.com edición Bizkaia, me lanzó un reto: escribir un post sobre cómo vivimos un partido del Athletic Club en la Peña athleticzale de la Euskal Etxea de Madrid.

Y yo, que no nací en Bilbao porque se me ocurrió nacer en otra ciudad y en otro país, recogí el guante y me senté frente a mi portátil el día después de nuestra particular resurrección, tras haber vencido por 1-3 al Villarreal en su campo y ante un espectacular Sergio Asenjo en su portería en un partido correspondiente a la jornada 30 de la Liga Santander.  Fue como una resurrección: presionando bien arriba en la salida del Villarreal, con un Íñigo Córdoba pletórico, un Iker Muniain como si nunca se hubiera ido y un Iñaki Williams batallador como siempre y oportuno algunas veces –las suficientes como para, también, batir la portería de Sergio Asenjo. Y un juego colectivo como hacía tiempo no ejercíamos en el campo, fuera en San Mamés o fuera de casa.  La peña Athletic Euskal Etxea de Madrid tiene 55 socios, que también son socios de la casa y, algunos, lo son del Club. Se creó en agosto de 1998 y sus peñistas se reúnen en el salón de actos de la casa para ver los partidos del Athletic, justo enfrente del Teatro de la Zarzuela y a la vuelta del Congreso de los Diputados, en la calle Jovellanos.  No, no siempre somos 55 que completen el aforo del salón de actos. Ayer, por caso, éramos unas 13 personas: unas del elenco estable (de esas que nunca faltan), otras del sector agonías (esas que ya antes de que comience el partido se están quejando o criticando a determinados jugadores) y otras que estaban de paso por los madriles.  Y anoche, las emociones fueron muchas.  De susto contenido cuando a los 6 minutos de juego Pablo Fornals se desvaneció sobre la gramilla o cuando la defensa del Athletic parecía desacoplarse. De lamento hondo cuando Markel Susaeta estrelló un disparo en el larguero o las veces que Asenjo despejó varios balones con destino de gol.  De rencoroso recuerdo para la madre del árbitro cuando las 6 tarjetas amarillas para distintos jugadores del Athletic. De ambivalencia afectiva hacia Raúl García, que alternó pases certeros con desaciertos.  De alegría cuando fueron los tres cambios: para aplaudir al que salía y al que entraba, que ayer fue un partido de esos para el recuerdo y para el ruego de que siempre juguemos así. De euforia desatada cuando marcó Muniain, que regresaba anoche tras más de 6 meses lesionado y alejado del primer equipo.  Los socios de la Peña Athletic Euskal Etxea de Madrid nos reunimos siempre en nuestro hogar común de la diáspora vasca en esta ciudad capital para ver a nuestro Athletic.  Solemos ser muchos cuando la campaña es buena o cuando hay algún clásico de región (Real Sociedad) o de rivalidad mayor (Real Madrid, FC Barcelona).  Solemos ser pocos cuando el Athletic juega deslucido, sin patrón de juego, como ha venido siendo en la presente temporada. O cuando las reinas del mercado de fútbol: las televisiones y los operadores de telefonía móvil, programan un encuentro un domingo a las 12 o a las 21 horas, o un lunes a las 21 horas.  Pero siempre somos. Y esperamos sumar más socios en este lugar del mundo athleticzale en Madrid.  Siempre somos porque, como reconocía aquel personaje de la película argentina “El secreto de sus ojos” (Juan José Campanella, 2009), “un hombre  puede cambiar muchas cosas: de novia, de trabajo, de casa, de ciudad, de país. Pero hay una sola cosa que no puede cambiar: no puede cambiar de pasión”.  Y el Athletic, ya se sabe, es una pasión a la que no se renuncia.
Alejandra Herranz, periodista y blogger
@aleherranz

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