El Proxeneta Literario, por Juan Carlos Aragón | La Torre de Preferencia
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El proxeneta literario

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Juan Carlos Aragón

Domingo, 09 de septiembre de 2018. 11:48

“No he estado en los mercados grandes de la palabra,
pero he dicho lo mío a tiempo y sonriente…”

Resumen de Noticias. Silvio Rodríguez.

El proxenetismo literario es la barbarie cultural que consiste en explotar las nobles palabras con un insultante afán de lucro, sin la menor sensibilidad hacia estas octavas maravillas en cualquier idioma, desde la absoluta ignorancia y capacidad para escribirlas, decirlas, cantarlas, leerlas y oírlas con valor y sentido, y con un grosero interés egocéntrico y mercantil.

Es uno de los nuevos, mayores y crecientes expolios culturales de nuestra era. La moderna oferta de la telecomunicación pone en bandeja el uso crematístico de la materia prima literaria y filosófica, animado por multitud de receptores sordos que celebran, comparten y bendicen la llegada de esta nueva posibilidad de mercado: sustantivamente identificadora de la Edad Estúpida.

Ahora entiendo el odio visceral a los sofistas griegos por parte de los intelectuales de su época. Los sofistas eran grandes maestros de retórica, que no es más —¡ni menos!— que el arte de persuadir a través del lenguaje, capaces de defender una verdad con la misma fuerza argumentativa con la que inmediatamente defendían la contraria. Igual que cualquier ingeniero de balística, ponían su talento al servicio de la disolución selectiva de la vida y del pensamiento. Igual que ellos, se enriquecían sin escrúpulos. Y claro, de la sofística surgió Sócrates, a la sombra de éste maduró Platón y, para quien sepa algo de filosofía, entre los dos abonaron el terreno del pensamiento occidental para sembrarlo de estupideces y mentiras. Y las estupideces y las mentiras son las flores que adornan los discursos actuales, tanto de los proxenetas de la palabra como de los del poder y el dinero —que tan a menudo coinciden— en ardua competencia con sus auténticos amantes y artistas. Así, la poesía y el ensayo han ido históricamente perdiendo peso a favor de los malabarismos baratos de los prestidigitadores del verbo de la imposible conjugación. Para muestra, tenemos un demoníaco espectro que va desde las redes sociales hasta los escaparates de las librerías, pasando por las exhibiciones televisivas y el marketing publicitario. Con el resto de las artes mayores ha pasado casi lo mismo. Las editoriales o las productoras musicales y cinematográficas han ido prostituyendo el depósito de lo sublime en forma de mercancía que se consume con la misma rapidez que se tira y que, en modo y momento alguno, eleva, sana y depura el espíritu del pueblo —incluyendo tanto a los de arriba como a los de abajo—, sino más bien al contrario.

Por eso no nos debe extrañar la descorazonadora falta de inquietud y sensibilidad de nuestros adolescentes. Al contrario que en otras épocas de la humanidad, el arte ahora se esconde tras el diseño, con un estatus tan relativizado que se han disuelto los supremos cánones estéticos en beneficio del todo vale. Y de todos, el más agraviado ha sido el de la palabra, pues —al estar al alcance de cualquiera— su uso deja entrever la calidad del pensamiento y éste, a su vez, se traduce en palabras que la mayoría de la gente que las pronuncia, escribe, canta, lee u oye no sabe ni lo que significan. La excelencia literaria y filosófica queda así al mismo nivel que su impostura, si no por debajo.

Es traumático para la sensibilidad artística oír por decreto que la poesía aburre porque es una paranoia y que la filosofía es un rollo porque no se entiende. En cambio, quienes dicen esto, entienden las canciones de… (mejor me callo), se deleitan con engañabobos políticos y retuitean hasta la saciedad grandes colecciones de caracteres sin sentido ni significado.

Todo el mundo tiene derecho a escribir y a pensar. Faltaría más: por ahí se empieza. Pero casi nadie respeta la máxima de beber de la fuente original ni se detiene antes en la causa que en el efecto. Por eso la apoteosis de la palabra coincide ya con su prostitución. Por eso, esa puta falta de pensamiento original, en el de doble sentido del término “original”: nuevo y distinto. Por eso, en la era de la educación gratuita y la disolución de la palabra en caracteres, en las actuales democracias occidentales, es tan agotadoramente difícil el consenso universal, incluso a veces entre partes que se suponen próximas. Por eso, la gente vota en contra de sus intereses y los jueces de barrio dictan las sentencias que dictan (y los de Estado ya ni te cuento). Por eso los mejores poetas venden menos libros que los peores novelistas. Por eso, de los más ilustres filósofos no se conoce ni su nombre, mientras la pequeña pantalla se enriquece con el pensamiento y las palabras de Esteban y Matamoros. Si la gente perfumara la cabecera de su cama con las palabras de Onfray o Benedetti, Hume o Cernuda, Ortega o Alberti, seguramente se lo pensaría dos veces antes de atracar un teclado electrónico.

Por eso, habrá incluso quien le ponga un corazoncito a este artículo sin saber si quiera lo que ha leído.

JUAN CARLOS ARAGÓN

2 comentarios

  1. alejandro alonso lópez

    Si pretendes luchar contra la retórica o la poesía o la estética del lenguaje...que dificultan el entendimiento interpersonal, harías bien en haber usado en este artículo palabras como "gitano" "humor" "manu sánchez".. porque da la sensación qeu quieres pasar de puntilla por este asunto, pero a la vez acusar a las palabras de su dificultad para arrojar luz sobre los asuntos... bueno, ese es tu problema, no el de todos.

    También me resulta contradictoria tu relación con el pensamiento filosófico, lo mismo lo abrazas que te separas de él, dependiendo de si consideras útil o no tu labor como 'difusor de pensamientos e ideas a través de repertorios', o si esta labor la entiendes como algo que estrictamente te lucra a ti, Juan Carlos Aragón. Y no es una actitud justa, o al menos no para acabar reflexionando nada con categoría de verdad... sí a lo mejor te resulta útil a ti para lamerte las heridas, pero vamos.. esto es un artículo público.

    Y ya para terminar me gustaría dejar un ejemplo de POSTCARNAVAL o METACARNAVAL, que he subido a mi canal, junto con la explicación teórica de esto. Alguien tendrá que reflexionar sobre esto.. tú igual no porque tienes tu público ya agarrado a ti, y muchos de ellos no tienen la ESO, supongo que por eso te lames las heridas aquí sobre lo poco que sirve el lenguaje.. o el tercer mundo semántico al que te obliga tu público... pero alguien tendrá que hacer esa labor pedagógica, digo yo!! Un saludo.

    https://www.youtube.com/watch?v=sEz5eS3VUeY

  2. Sergio

    En la época de la inmediatez de todo lo que menos vale es la reflexión profunda. Al paso que vamos tendremos generaciones enteras perdidas con los audiolibros de la «mejor» literatura y las aplicaciones de móvil con la última tontería que se les ocurra. Consecuencias de esta sociedad infantil y para torpes en la que vivimos.

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