Temporada del Dépor para llegar al Descenso a Segunda División | 2017/2018

Lo que mal empieza, peor acaba

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Varias son las razones que han provocado que el Deportivo de La Coruña juegue en Segunda división en la próxima temporada 2018/2019. Desde los tres cambios de entrenador que ha sufrido el cuadro herculino hasta el bajo rendimiento de una plantilla que se las prometía felices al inicio de Liga, pasando por la falta de estilo propio que ha acusado el equipo blanquiazul durante toda la campaña.

No es posible centrarse en un sólo enfoque. Las variables podrían haber sido muchas en caso de haber cambiado tan sólo una de estas partes, pero el cúmulo de errores, de malas decisiones y de un juego insulso y sin carácter han llevado al Dépor a decir adiós a la máxima competición para volver a donde nunca quiso.

Un banquillo que ardía

Pero vayamos por partes. Un equipo que necesita cambiar el inquilino en el banquillo hasta en tres ocasiones en una sola temporada no va por buen camino. Pepe Mel comenzó al frente de esta tripulación tras haber logrado una salvación 'in extremis' en la pasada campaña que le ayudó a ganarse la confianza del club y la afición. Pero los nueve partidos que el madrileño estuvo dirigiendo al equipo fueron, cuanto menos, frustrantes. Cinco derrotas, dos empates y dos victorias cerraron la etapa de Mel en la entidad blanquiazul. 
Mel, Parralo y Seedorf no han sido capaces de hacer al Dépor retomar el vuelo
Tras este mal inicio, el Dépor apostó a pies juntillas por Cristóbal Parralo. Su buen hacer al frente del Fabril en la anterior temporada le brindó la oportunidad con el primer equipo. Pero el cordobés no sólo tuvo problemas en cuanto a resultados, ya que sumó dos victorias, ocho derrotas y tres empates durante su etapa como técnico herculino, sino también con el vestuario -asunto recurrente en las últimas campañas- tras un encontronazo con Emre Çolak en un entrenamiento. Tras 13 jornadas, el club tomó la decisión de destituirlo y, a falta de 16 partidos para finalizar la competición y, con el Dépor en la décimo octava posición de la tabla, la entidad comenzó a buscar un nuevo inquilino.
En plena crisis institucional por la dimisión de Richard Barral como director deportivo, el Consejo de Administración se lanzó a buscar a un técnico que funcionara como revulsivo en una plantilla que parecía haber bajado los brazos. El elegido fue Clarence Seedorf, una sorpresa -poco grata- para el deportivismo por la falta de experiencia del neerlandés en los banquillos. Tampoco sus números son buenos, aunque sí pareció ofrecer una idea distinta a partir del partido ante el Atlético de Madrid en el Wanda Metropolitano que el Dépor no se mereció perder (1-0). Sin embargo, cinco derrotas, cinco empates y dos victorias (hasta la jornada 34) no han permitido al club mantenerse en la élite, provocando que el malestar de la afición aumentara.

Una plantilla venida a menos

La planificación deportiva tras el mercado estival ilusionó al deportivismo. Nueve nombres nuevos, incluyendo el regreso de hijos pródigos como Adrián López o Lucas Pérez -en el caso del coruñés, en calidad de cedido y por una temporada-, el buen hacer de Florin Andone en la pasada campaña y refuerzos para el punto débil deportivista, la portería, con el regreso de su cesión de Rubén Martínez o el fichaje de Maksym Koval en enero, hicieron crecer la emoción por una temporada memorable. Lo que no esperaba el respetable blanquiazul era que sería memorable pero en un sentido completamente opuesto.
El regreso de hijos pródigos como Adrián López o Lucas Pérez hicieron crecer la emoción por una temporada memorable que lo acabó siendo en otro sentido.
Los goles no llegaban. Lucas parecía haberse dejado la puntería en Inglaterra -ha anotado sólo seis goles en toda la campaña-; Adrián consiguió ver puerta en la tercera jornada, pero no volvió a hacer diana hasta diez partidos después, anotando un total de nueve; Andone, por su parte, además de no contar con la misma continuidad que sus rivales por la posición en la delantera, sólo vio portería en seis ocasiones y la mayoría de ellas (cinco) durante la primera vuelta del campeonato.
El problema en la portería tampoco tuvo solución. Mel decidió apostar en sus dos últimos partidos al frente del banquillo con el guardameta del Fabril Francis Uzoho, internacional con Nigeria, y los resultados fueron satisfactorios puesto que, pese a su juventud, respondió bastante bien en la élite.
Pero Parralo, contrariamente a lo que se esperaba de un técnico que había llevado las riendas del filial, comenzó apostando por Pantilimon, volvió a hacerlo por Rubén incluso tras la debacle (7-1) ante el Real Madrid, y siguió haciéndolo Seedorf hasta final de temporada después de escoger a Koval para un partido y, en su debut ante el Éibar, fue expulsado antes del descanso.

La ilusión cae en saco roto

La afición blanquiazul sospechaba, tras las primeras cuatro jornadas, que esta temporada iba a ser más sufrida de lo que parecía en un principio. Lo que no sabía era que iba a ser la más dura desde que el Dépor volvió a Primera hace cuatro campañas y que, 34 jornadas más tarde -aunque el Dépor desciende virtualmente en la jornada 35-, el club herculino volvería a ser de plata.
¿Habrá elecciones en el Dépor?
Un duro palo que podría traducirse en varias iniciativas de cara a protestar contra la directiva, contra la planificación, contra los que el deportivismo cree que son los culpables de este cúmulo de situaciones que han llevado al Deportivo de nuevo al infierno.

Un contenido de:
María Naranjo

Domingo, 29 de abril de 2018. 21:35
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