Opinión: el Sevilla y tras la Final Copa Rey 2018
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El equipo que los hizo llorar

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Álvaro Ramírez

Domingo, 22 de abril de 2018. 07:09
La afición del Sevilla, entregada en el Wanda.
La afición del Sevilla, entregada en el Wanda.

Una Final de la Copa del Rey posiblemente sea una de las citas más bonitas para una afición. Evidentemente las finales europeas tienen un caché especial, no cabe duda. Pero las finales de Copa tienen un ambiente diferente, familiar, más cercano. Permite que los sevillistas, por cercanía, por presupuesto, puedan viajar juntos, en grupos, en familia. Las finales de Copa son citas especiales, sin duda.

Por eso, y por muchas otras cosas, el atentado sentimental que perpetró el Sevilla este 21 de abril en el Wanda Metropolitano es más grave. Porque ese atentado no fue ni contra el rival, ni contra un ajeno, fue contra los suyos. Abandonó sus señas de identidad, abandonó su filosofía, abandonó su espíritu. ¡Qué lejos le quedan los lemas a este equipo, aquello de 'Casta y coraje', aquello de 'Dicen que nunca se rinde'! Como le queda lejos, en estos momentos a una distancia sideral, una afición que se entregó en Madrid durante todo el día al Sevilla y que encontró como respuesta un vergüenza, un ridículo, una marca dolorosa en la memoria y en el corazón.
El sevillista, los sevillistas vivieron una noche dolorosa en el Wanda. Perder, claro que se puede perder. Tirar la imagen del equipo por los suelos es otra cosa. De eso entienden bien la afición nervionense, que comprende, y si no ahí está la final de 2016, la derrota, lo que no comprende es la pérdida de los valores, los valores del sevillismo.
Los vomitorios del Wanda quedarán para siempre en la memoria del sevillismo, esa que una cara tiene la gloria y en otra noches como esta. Como quedarán en sus modernos accesos las lágrimas de generaciones de sevillistas, de abuelos que acudían con sus nietos, de caras desencajadas por la vergüenza, por la incredulidad.
La perspectiva histórica, el tiempo, quizás ofrezca una visión más fría de este curso que se torna en desastroso, quizás mezcle los sentimientos con la mente y con el logro de alcanzar una octava final de Copa. Pero la perspectiva histórica no puede ni podrá cambiar el sentimiento, el afilado puñal de ridículo que tienen clavados uno y cada uno de los sevillistas, los que estuvieron en el Wanda, 25.000, ahí es nada, y los que no.
Por eso, la historia, la visión fría, quizás no sea la más adecuada en estas circunstancias. Quizás las decisiones deban llegar más pronto que tarde. Quizás la perspectiva más fría haya que calentarla, o templarla unos grados. Por una simple razón, quien ha hecho llorar al sevillismo ni se merece tiempo ni se merece frialdad. Y el sevillismo se ha pronunciado... 

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