Levante UD | Opinión Sobre la Victoria en Getafe y la Situación del Equipo
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100% Paco López

Paco López, con un gesto de rabia tras la victoria contra el Getafe (Levante UD).

Paco López demostró contra el Getafe, antes, durante y después del partido, que además de un buen entrenador es una persona educada. Un buen tipo coinciden casi todos o todos los que lo conocen, entre los que no me incluyo. En la sala de prensa del Coliséum Alfonso Pérez reconoció que en una semana "no se puede cambiar todo" y por tanto había que mostrar "reconocimiento por el trabajo de Muñiz hasta la semana pasada" ya que, aunque a veces (en este caso muchas) "los resultados no salen", el técnico asturiano hizo "un gran trabajo". Eso está claro y al asturiano no se le pueden escatimar las horas dedicadas para intentar reflotar la nave. De ahí a que todavía se intente proyectar su sombra y otorgarle todavía un porcentaje de mérito por el vital triunfo logrado en tierras azulonas, y que no llegó antes por una dosis de mala suerte, va un trecho. Espero que se me permita tomarme la licencia lingüística aunque, cuando lean estas líneas, ya me la habré tomado así que no sirve de nada pedir permiso: no se hagan pajas mentales. Lo siento por la expresión aunque es lo más cercano a la situación que he encontrado en el castellano moderno. El triunfo de la pasada jornada es 100% Paco López. Y de sus jugadores.

A Muñiz habrá que agradecerle uno de los hitos que ni Manolo Preciado, ni Mané ni Luis García consiguieron y que seguramente nadie repetirá en muchísimo tiempo, salvo ese oasis que supuso el Eurolevante: el primer año completo sin sufrimiento en la historia granota. Desde que arrancó la 2016-17 quedó claro que los azulgranas pelearían por el ascenso a Primera y, con el paso de las semanas, aquello fue un paseo en barca. Increíble. No pocos aficionados se pellizcarían y echarían de menos el tener que padecer, aunque fuese por unas pocas jornadas. Aquel no era su Levante. El arranque del presente ejercicio ya fue el 'no va más', parecía que lo conseguido por Juan Ignacio Martínez iba a quedar en una mera anécdota. Desgraciadamente, el Levante logró vencer a los dos pimpines que se presentaron en el Ciutat de València con la intención de jugar al fútbol: el Villarreal y la Real Sociedad. Con el Deportivo ya fue otra cosa y casi le da el primer disgusto a la parroquia de Orriols poniéndose 0-2, al que se le dio la vuelta en un arrebato de coraje. Más adelante, se le ganó en su casa al peor equipo de Primera de la época: la UD Las Palmas. Todo lo demás, los empates contra Sevilla, Leganés y toda la retahíla, fueron brotes de amor propio. Y también del buen hacer de Muñiz y del entramado de su equipo. Pero faltaba algo y ese algo quedó claro en las últimas jornadas, bastantes, en las que el equipo se veía incapaz de reaccionar y de ganar un partido. Y ese algo se lo inyectó Paco López a las primeras de cambio y durante la semana. El convencimiento. El ir 'hacia adelante', como veíamos en el vídeo que grabamos en una de esas primeras sesiones de entrenamiento que grabamos. Porque, sin ir hacia adelante, habría sido imposible vencer en el Coliséum y vencer en cualquier sitio.

Así que, al César lo que es del César y no pienso que sea casualidad que lo que no sucedió en 15 partidos atrás haya sucedido en el Coliséum por no sé qué influjo anterior. Desgraciadamente el club tuvo que tomar una decisión drástica porque, si no, se nos iba la cosa por el sumidero. Del mismo modo que no se le puede escatimar a Tito, con todo lo errónea que ha sido la planificación en la presente temporada, su elección para el banquillo. Hablo en el cortoplacismo, claro, porque no tengo una bola de cristal o un caldero mágico en el que poder ver el futuro. Pero, con los mimbres que hay, no veo posible hacer un cesto diferente al que en poco tiempo ha confeccionado Paco López. Un técnico puede plantear el plan más ingenioso de la historia para ganar un partido pero, si cuando cae un balón llovido del cielo a Cabaco le da un tabardillo y Jorge Molina te monta un contragolpe casi mortal, eso no lo puede arreglar ni el de Silla, ni Muñiz ni Mourinho.
Por tanto, una muy buena elección en su día de la dirección deportiva para el filial, quien sabe si ya lo hicieron con vistas a futuro por si las moscas. Harina de otro costal es que se haya tenido que llegar a esta situación en el año que más recursos ha tenido el Levante para armar una plantilla competitiva y además con más tiempo, por el tempranero ascenso, para confeccionar ese proyecto. Los errores en la planificación han sido groseros. Hacer un listado ahora de los mismos sería casi como un insulto a la inteligencia porque casi todo el mundo los tiene claros y, además, ya es aburrir al personal. Como sucede con lo de Muñiz y Paco López, ya hay que mirar al futuro y sólo esperar que ese convencimiento que el técnico valenciano le ha inculcado a sus futbolistas contagie un poquito a Quico Catalán y haga lo que tenga que hacer. Las dos semanas que fueron desde la debacle contra la Real Sociedad hasta el empate ante el Espanyol quizá hayan sido los días más decepcionantes de su gestión al frente del Levante. Porque había que hacer lo que había que hacer, cayera quien cayera. Y yo no quiero recordarle por estos 14 tristes días sino por los ocho años anteriores, donde también hubo errores aunque siempre hay una primera vez y lo grave era repetirlo; y por el año que queda por delante.

Un contenido de:
Javier Mínguez

Lunes, 12 de marzo de 2018. 14:27
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