Atenery Hernández y Loida Zabala: adictas a la fuerza contra la rendición

Martes, 09 de Junio de 2020. 09:52

Junto a Iberdrola, en ElDesmarque continuamos recorriendo un camino de historias de superación, coraje y, como el de este caso, mucha fuerza. Atenery HernándezLoida Zabala son dos de los referentes españoles en la halterofilia y la halterofilia paralímpica. Como #EllasValenOro, nos cuentan cómo llegaron a descubrir este deporte, qué les ha enseñado el levantamiento de peso y cómo han superado situaciones adversas gracias a la mentalidad adquirida en esta disciplina.

Atenery Hernández (San Cristóbal de la Laguna, 1994) es una levantadora cuya estatura engaña. En su categoría, 55 kilogramos, ha ganado dos platas y un bronce en campeonatos de Europa. Las lesiones la han castigado mucho, pero la canaria no se rinde nunca y tiene un objetivo entre ceja y ceja: que en su palmarés figuren unos Juegos Olímpicos.

Loida Zabala (Losar de la Vera, 1987) perdió la movilidad en las piernas tras una inflamación en la médula ósea a los 11 años. Tardó en descubrir la halterofilia adaptada, pero desde que se metió en el mundillo de las competiciones de levantamiento de peso, ya no ha podido dejarlo. En su palmarés hay tres diplomas olímpicos en Pekín 2008, Londres 2012 y Río 2016. Tokio es su siguiente objetivo y allí, esta vez sí, quiere llevarse su medalla.

Hablamos de dos personas que han sabido reponerse de los golpes que les ha dado la vida, levantarse con la cabeza bien alta y demostrarle al mundo que nada puede acabar con ellas. Dos campeonas que ven en este deporte una forma de vida que les ha hecho mejorar como seres humanos y del que sólo pueden decir cosas buenas. A pesar de las dificultades.

Pero, ¿cómo llegaron a engancharse a la halterofilia? "Empecé a los 8 años", cuenta Atenery. "Mi entrenador iba por los colegios haciendo pruebas, me las hizo a mí y me dijo que veía algo en mí. Y lo que empezó siendo un par de días a la semana, se abrió a tres, cuatro y cinco. De pequeña viajaba y era una fiesta, y conseguía medallas a nivel nacional. El entrenador me engatusaba y me convertía en una persona ambiciosa. No se puede explicar: sentir que puedes levantar tal peso de una sola vez y luego más con más esfuerzo... es adrenalina pura, emoción, te cabreas, es alegría pura. Es especial", cuenta la canaria sobre cómo este deporte se convirtió en su adicción.

Para Loida, el enganche llegó un poco más tarde. Concretamente, a los 18 años. Cuando se estaba sacando el carné de coche en Toledo, le dijeron que por qué no probaba en la halterofilia adaptada. "No sabía ni que existía", confiesa. "A los 11 años estuve varios meses en la cama de hospital y necesitaba fuerza. Empecé con mancuernas en la rehabilitación y me di cuenta de que me gustaba mucho este mundo, el de la fuerza. Aunque no lo disfrutaba al principio -tuvo problemas para conseguir salir a la palestra sin náuseas-, me encantaba tanto que no podía parar", recalca la extremeña.

Todo lo que sacan de este deporte es positivo. "Nos hace ser unas personas valientes, fuertes no sólo físicamente, ambiciosas. Siempre tienes un objetivo en la cabeza. De mí ha hecho la persona que soy ahora, una mejor persona", dice Atenery. "Me hace sentir viva, tanto por dentro como por fuera; que puedo ser capaz de todo. Incluso en competiciones que me han ido mal, me ha enseñado muchísimo. Me ha ayudado a nivel personal para lograr otras cosas a nivel profesional, aunque sea fuera del ámbito deportivo. El deporte te puede ayudar a salir de situaciones muy difíciles", cuenta Loida.

Loida Zabala, en los Juegos Olímpicos de Río 2016.
Loida Zabala, en los Juegos Olímpicos de Río 2016.

Rendirse no es una opción

Y de situaciones difíciles y cómo salir de ellas saben mucho estas dos deportistas. Loida, por ejemplo, vivió una situación de maltrato físico apenas un mes antes de acudir a Londres 2012. Su pareja de aquel entonces le provocó una lesión en el brazo que a punto estuvo de dejarla en tierra sin poder acudir a sus segundos Juegos Olímpicos. "Pero focalicé toda mi atención hasta poder entrenar", explica la de Cáceres, "me hizo salir emocionalmente de ese pozo y me demostró que, si pones toda tu atención en aquello que quieres conseguir, puedes salir de situaciones que quizás te hubieran costado un poco más".

Para Atenery, su gran losa han sido las lesiones. La rodilla le ha fastidiado varias competiciones y había dado por perdida su plaza para Tokio 2020 (que se disputará en 2021) ya que una lesión en el hombro le obligó a pasar por quirófano dos semanas antes de que el estado de alarma por el coronavirus paralizara España. Esta intervención provocó que no pudiera acudir al campeonato europeo absoluto, diciendo adiós a los Juegos. Para ella, la crisis sanitaria ha sido una ayuda, aunque entrecomilla esta palabra, siendo consciente de lo que supone.

"Como venía de un ciclo de lesiones, mi cabeza estaba un poco decaída. Necesitaba un parón y llevo tres meses sin tocar una barra y siento como más deseo, más ganas y valoras realmente lo que has conseguido y también te planteas lo que quieres. A todos nos ha ayudado bastante esta situación para valorar más tu vida y tu vida deportiva, que es un tiempo limitado. Y cuando empiece a coger barra, disfrutaré más de lo que me queda en la halterofilia", insiste la lagunera.

"Para muchos, el COVID ha sido mala suerte, pero a mí me ha dado otra oportunidad. No iba a ir al europeo absoluto porque no podía ni con 50 kg y ya decía adiós a los JJ. OO. y a cuatro años de trabajo", recalcaba Atenery. Ella se lo toma con humor: "Voy como la desescalada del COVID, estoy en la última fase y creo que en dos semanas ya puedo levantar una barra".

Para estas levantadoras de peso, hay un secreto para no rendirse nunca: que ni siquiera exista la posibilidad de hacerlo. "¿Qué quieres? Esa es la pregunta. Sobre todo en los momentos difíciles, cuando te embajonas", interpreta la canaria. "Mi entrenador siempre me ha enseñado unos valores… No te puedes rendir, porque si te rindes, adiós. No está en mí rendirme. No existe. ¿Rendirse? ¿Qué es eso?".

"Estoy muy de acuerdo. La clave es la pasión", dice por su parte Loida. Porque "si algo te apasiona, trabajas cada día intentando ser mejor al día siguiente y así poco a poco llegas al objetivo y ni se te pasa por la cabeza el hecho de rendirte, porque no es solo llegar a la meta, sino disfrutar de lo que haces cada día".

Atenery Hernández, en un campeonato de Europa.
Atenery Hernández, en un campeonato de Europa.

Un futuro plagado de sueños por cumplir

Aunque el palmarés que tienen sobre sus hombros es bastante amplio, a estas deportistas todavía les quedan sueños por cumplir. Atenery, que ya suma tres medallas en campeonatos europeos absolutos, además de otras cuantas en categorías inferiores, tiene claro que quiere más. "Quiero un oro, que es la que me falta", confiesa. A nivel global, sabe que estar entre las cinco primeras del mundo ya sería "como una medalla de oro" por el gran número de participantes que hay en su categoría. "Y me tengo que retirar con unos Juegos Olímpicos en mi palmarés. Es un sueño por el que llevo muchos años luchando y, como soy joven, seguiré haciéndolo".

Para Loida, que ya sabe lo que es estar en unas Olimpiadas -en tres, concretamente-, su objetivo es estar en el pódio. "En Río estuve muy cerquita. Si no hubieran dado nulo el último movimiento hubiera sido bronce. Eso me motiva para saber que estoy cerca y que puedo conseguirlo y a ver si puedo en las próximas".

Sin embargo, los sueños no se quedan en lo deportivo. Van mucho más allá, porque la vida deportiva tiene fecha de caducidad, pero la ambición, no. Loida, por ejemplo, compagina sus duros entrenamientos con las clases de interpretación. Adora ser actriz porque "lo que más me gusta es poder sentir emociones que no sentía como deportista". Los levantadores de peso deben tener la mente fría y el corazón caliente y hay algunos sentimientos que no están permitidos. Por eso Loida disfruta tanto cuando interpreta a algún personaje: "Hay emociones que me encanta sentir, aunque sean reconocidas como negativas porque sabes apreciar los buenos momentos cuando pasas por los malos y vivirlo a través de un personaje sin que sea tu vida personal, es algo emocionante, distinto".

Atenery ha tardado algo más en decidirse, pero el próximo curso comenzará a estudiar Marketing. "Empezaré a estudiar a distancia. Lo mejor para nosotros es intentar compaginar de la mejor manera posible nuestros estudios con las competiciones", indica la canaria. "Ojalá pudiera dedicarme a la halterofilia toda la vida, pero sé que esto es corto".

Y para ser constantes y mantener la cabeza en los objetivos, tanto los deportivos como los vitales, ambas se apoyan en la psicología. La consideran fundamental para salir adelante. "No hay que ir sólo cuando estás en tu peor momento, yo tuve que ir cuando estaba en el mejor, tras el Europeo donde conseguí tres medallas. Estaba tan bien que empecé a dudar de mí", comenta Atenery. Gracias a eso, ha mejorado "a nivel deportista y personal".

Loida también lleva varios años trabajando con un psicólogo. Ella tenía miedo escénico. Cada vez que iba a salir a un levantamiento en una competición, le daban ganas de vomitar. "No disfrutaba de las competiciones", dice la extremeña. Tener a su lado a esta figura le ha ayudado a "dar mi 110% y a disfrutar, que es algo muy importante".

Loida Zabala posa con el uniforme de la selección española de halterofilia paralímpica.
Loida Zabala posa con el uniforme de la selección española de halterofilia paralímpica.

Todo sacrificio tiene su recompensa

Para llegar a la élite, siempre tienes que dejar cosas por el camino. En el caso de estas dos campeonas, el sacrificio ha sido dejar atrás sus respectivos hogares, alejándose de sus familias y seres queridos. Aunque se lo toman como algo positivo, que les ha ayudado a madurar mucho antes.

"En mi caso, fui a Madrid con menos de 18 años, pero es algo que quise siempre desde pequeña, entrenar con los mejores en Madrid para ser mejor. Te da ese lado nostálgico porque te pierdes momentos con tu familia, pero luego piensas que en un campeonato, si no haces eso, no vas a lograr tu objetivo", confiesa Atenery.

Loida, que ha vuelto a Losar durante el confinamiento -allí también se preparó para Río 2016-, ha estado fuera de casa durante muchos años. "Estuve 9 años viviendo en Asturias y luego en México, pero la familia sigue estando ahí. También ayuda un poquito a que puedas disfrutar el reencuentro y el hecho de ponerse al día. Está bien tener una pérdida temporal si luego puedes vivirlo todo con más intensidad", explica.

Y la recompensa a ese sacrificio "no es comparable". A la extremeña le han premiado poniendo su nombre a un pabellón deportivo de su localidad, algo que ella recibió con más ilusión si cabe que un trofeo o una medalla. "Es una de las cosas más bonitas que me ha pasado". La canaria, por su parte, sueña con que eso pase algún día en San Cristóbal de la Laguna. "Es como dejar huella en tu tierra. Un trocito de todos los años que has entrenado duro se queda ahí para siempre".

Atenery Hernández celebra sus tres medallas en el Europeo de Split.
Atenery Hernández celebra sus tres medallas en el Europeo de Split.

Lydia Valentín y Amalia Pérez, sus referentes

Al preguntar a estas dos levantadoras por sus referentes en la halterofilia, no dudan ni un segundo. Para Atenery, sus ojos siempre han estado puestos en la forma de trabajar de Lydia Valentín y Estefanía Juan. "Yo quería hacerlo como ellas", dice la canaria. "Hice todo lo que ellas hacían hasta que conseguí entrenar con ellas y con los buenos deportistas que había cuando yo era pequeñita".

Loida seguía fervorosamente a Amalia Pérez, levantadora mexicana cinco veces medallista en los Juegos Paralímpicos. "La conocí en 2008 cuando, después de tener una bebé preciosa, ganó el oro en los Juegos", cuenta la de Cáceres. "En 2015, sin yo pedirle nada, me ofreció a irme a vivir con ella a enseñarme sus entrenamientos, su alimentación… para que yo pudiera mejorar. Me parece increíble que tu propio ídolo te demuestre que no solo es una buena deportista, sino que como persona es de diez".

Las preguntas cruzadas de Atenery y Loida

En ElDesmarque propusimos a estas dos halteras que adquirieran un papel poco habitual para ellas y se hicieran las preguntas la una a la otra y, con una sonrisa y muchas ganas, aceptaron de buen grado. Quisieron saber cómo eran sus rutinas de entrenamiento, cómo la halterofilia ha mejorado sus vidas y cómo afrontan las lesiones. Hablan sin tapujos y con total sinceridad.

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