Shevchenko, el hombre que ha llevado a la paz a una selección ucraniana 'en guerra'

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Ignacio Ortega

Andrei Shevchenko y la pelea entre Stepanenko y Yarmolenko.
Andrei Shevchenko y la pelea entre Stepanenko y Yarmolenko.

Cuando él llegó, el fútbol ucraniano estaba en plena guerra civil como el resto del país. Ahora, la selección es una balsa de aceite. La selección ucraniana se clasificó brillantemente para la Eurocopa superando en su grupo a la Portugal de Cristiano Ronaldo. Sólo Andrei Shevchenko, el mejor futbolista salido del espacio postsoviético desde la caída de la URSS en 1991, un ídolo de masas en todo el territorio nacional, podía lograr que los futbolistas del Dinamo y el Shakhtar, el oeste y el este del país, dejaran al margen sus diferencias en pos del renacimiento del fútbol ucraniano.

Para empezar, pocos esperaban que Shevchenko se convirtiera en seleccionador, más aún cuando, nada más retirarse, se dedicó a la política e incluso participó en las elecciones legislativas en 2012.

Por suerte, los malos resultados electores le hicieron repensar su carrera. Siguió la senda marcada antes por Oleg Blokhin, el mítico delantero soviético, quien también fue diputado comunista y después se convirtió en seleccionador ucraniano, llevando al equipo nacional a disputar su primer Mundial en 2006, en el que llegó hasta los cuartos de final.

Con todo, la herencia que recibió era envenenada, ya que uno de sus puntales, Yarmolenko, entonces en el Dinamo Kiev, agredió en pleno partido a Stepanenko, pulmón del Shakhtar, después de que éste celebrara un gol. La guerra había emponzoñado al equipo de todos.

Yarmolenko y Stepanenko escenificaron las paces, pero la realidad es que el armisticio fue papel mojado. Ucrania perdió los tres partidos que disputó en la Eurocopa y no marcó ni un solo gol.

Shevchenko asumió las riendas del equipo nacional con el fin de clasificarse para la Copa Mundial, pero con el paso del tiempo el ambiente se enrareció.

Debido a la guerra en el Donbás, donde el Kremlin apoya a los separatistas, fueron muchos los que pusieron todo de su parte en Ucrania para que el equipo no se clasificara para el Mundial organizado por Rusia.

Andrei Shevchenko, desde la banda en un partido de Ucrania.
Andrei Shevchenko, desde la banda en un partido de Ucrania.

En la FIFA y en el comité organizador respiraron aliviados cuando los ucranianos se quedaron fuera del torneo por detrás de Islandia y Croacia, ya que la presencia del equipo ucraniano en territorio ruso hubiera sido un quebradero de cabeza para ambos.

Superado el mal trago, Ucrania encadenó una impecable fase de clasificación para la Eurocopa en la que ganó seis partidos y empató dos.

La clave ha sido el bloque que ha forjado Shevchenko, una mezcla de veteranos y noveles, aunque el seleccionador ha demostrado que no saber de favoritismos y premia el rendimiento sobre el nombre.

Es un alumno aventajado del legendario Valeri Lobanovskyi, el padre de la escuela soviética de entrenadores con el que coincidió en sus dos últimos años en el Dinamo antes de fichar por el Milán. Lobanovskyi era conocido por sus métodos adelantados a su tiempo, pero también por su severidad.

Le ayudan en las labores técnicas sus antiguos compañeros en el Milán, Mauro Tassotti, y en el Dinamo, Oleksandr Shovkovskiy, y el antiguo guardameta del Real Madrid Pedro Jaro.

La Ucrania actual sólo conserva algunos de los jugadores que se enfrentaron a España en octubre de 2015 en el último partido de la fase de clasificación para la Eurocopa de Francia.

En la portería sigue el incombustible Pyatov, quien a sus 35 años ha demostrado que aún no está dispuesto a ceder el puesto al inexperto Andriy Lunin, cedido por el Real Madrid al Real Oviedo.

Andriy Lunin, portero del Oviedo, en uno de los partidos disputados con Ucrania.
Andriy Lunin, portero del Oviedo, en uno de los partidos disputados con Ucrania.

La defensa ha cambiado totalmente, en parte debido a la exclusión de Rakitskiy, el mejor central ucraniano. Su decisión de fichar por el Zenit ruso le convirtió en un enemigo nacional, conflicto que Shevchenko cortó por lo sano no volviendo a convocarle.

La pareja más sólida es la que forman Kryvtsov y Matviyenko, centrales del Shakhtar. Del mismo equipo es Stepanenko, quien jugó contra España hace cinco años y también fue el medio centro en el penúltimo partido de clasificación ante Portugal (2-1).

Otra opción es Sidorchuk, del Dinamo de Kiev, menos potente que Stepanenko, pero con mejor toque de balón.

El zurdo del Manchester City, Zinchenko, se está haciendo con un hueco en el centro del campo, al igual que Manilovski, que milita en el Atalanta, y el joven Kovalenko, del Shakhtar.

Con Shevchenko se ha asentado como delantero Román Yarenchuk, formado en el Dinamo y que actualmente juega en el Gent, aunque también ha contado con dos brasileños nacionalizados: Marlos y Junior Moraes, ambos del Shakhtar.

Los antaño estrellas del fútbol ucraniano, Yarmolenko y Konoplyanka, siguen acudiendo a las convocatorias, pero ya no son imprescindibles para Shevchenko, debido a su irregularidad.

Treintañeros los dos, Yarmolenko pareció encontrar su hueco en el Borussia Dortmund, pero desaprovechó la oportunidad y en el West Ham tampoco ha convencido a sus detractores. Con todo, sigue conservando una zurda envidiable.

Malinovskyi celebra un gol con Ucrania ante Italia (Foto: EFE).
Malinovskyi celebra un gol con Ucrania ante Italia (Foto: EFE).

Konoplyanka también ha tenido una carrera muy irregular desde que fichara por el Sevilla, donde fracasó, al igual que en el Schalke, donde dio muestras de su clase con cuentagotas. Ahora, parece haber encontrado la paz en el Shakhtar.

Ahora mismo, los ucranianos sólo temen una cosa, la llamada del Milán. Según la prensa, el club italiano ha puesto sus ojos en Shevchenko para que sustituya a Stefano Pioli después de la Eurocopa.

El hijo pródigo -fue Bota de Oro y campeón de Europa con el Milán- vuelve a casa, pero antes quiere dejar su huella en la Eurocopa como antes hiciera Lobanovkyi, finalista en 1988 ante Holanda.

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