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El camino de espinas de las pioneras del fútbol brasileño

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Miércoles, 17 de abril de 2019. 13:17

Carlos A. Moreno

Río de Janeiro, 17 abr .- Las futbolistas que integraron la primera selección femenina de Brasil tuvieron que superar barreras como la prohibición de la práctica, la discriminación y la total falta de apoyo, que compensaron con garra y amor a la camiseta.

"Al comienzo era muy difícil (...) Para llegar a donde llegamos tuvimos que enfrentarnos a prejuicios y hasta a nuestros padres, que no querían que las mujeres jugasen al fútbol", recordó en declaraciones a EFE la zaguera Marisa Pires Noguera, que fue capitana de la primera selección brasileña.

La exzaguera de 52 años explicó que, en su comienzo, las futbolistas brasileñas no recibían salario sino un pequeño subsidio para ayudarlas con algunos gastos. "Nuestros padres sacaban de su propio dinero para pagar el pasaje de ida, pero no había dinero para el de regreso", afirmó.

"En la época había mucho prejuicio. La mujer no tenía espacio dentro del fútbol. Le era siempre negado todo, siempre prohibido. Conseguimos, con nuestro amor por el fútbol, poco a poco, abrir espacio para nuestra modalidad", dijo por su parte Rosilane Camargo Motta, más conocida como "Fanta" y que integró la primera selección convocada por Brasil en 1988.

Según la exvolante de 52 años, en la época las mujeres no podían ir al estadio, no podían jugar junto con los hombres y era mal visto que jugaran fútbol.

"Hoy no hay tanto (prejuicio) como antes, como en la época de las pioneras, pero aún existe, muy poco pero existe. Hay muchos hombres que no consiguen aceptar que hay mujeres que juegan mejor que los hombres", agregó Fanta.

El fútbol femenino fue prohibido en Brasil en 1941 por un decreto del entonces presidente, Getulio Vargas, que vetó a las mujeres "la práctica de deportes incompatibles con la naturaleza femenina".

El decreto sólo fue revocado en 1979 y poco después algunos clubes en Río de Janeiro y Sao Paulo comenzaron a montar equipos femeninos para torneos aficionados, entre ellos el Radar, uno de los más exitosos de la época, que comenzó a sumar títulos en 1982 y que, con Marisa y Fanta, fue convocado en 1988 para representar a Brasil como selección en un torneo experimental en China.

La Canarinha femenina, en la que hoy brilla una Marta elegida seis veces como mejor del mundo, debutó el 1 de junio de 1988 con una derrota por 1-0 frente a Australia, pero consiguió revertir ese resultado y regresar con una medalla de bronce.

"Comencé a jugar en una época en que teníamos muchas dificultades y no teníamos el sueño de ser jugadora de fútbol. Jugábamos por placer y mucho amor", dijo Leda María, que integró la selección que disputó el Mundial de Suecia 1995 y acudió a los primeros Juegos Olímpicos en que se disputó la modalidad (Atlanta 1996).

"Tan sólo después de la primera participación de Brasil en Juegos Olímpicos conseguimos vivir del fútbol. Tuvimos un campeonato más organizado en 1997 y a partir de ahí las cosas comenzaron a mejorar y la nueva generación a vivir de fútbol", agregó la hoy comentarista de televisión.

Pese a las dificultades que afrontaron, las pioneras aseguran que en los comienzos los partidos de fútbol femenino atraían más espectadores.

"No entiendo por qué en esa época todos los clubes tenían fútbol femenino, no sólo los grandes, y tenía apoyo dentro de los estadios. Aunque había prejuicio, había un apoyo grande de la hinchada para el fútbol femenino, pero era diferente. Hoy en día el fútbol femenino tiene estructura pero no se ve tanta gente apoyando el fútbol femenino en los estadios", constató Fanta.

Leda María agregó que, aunque el fútbol femenino aún sigue sufriendo, aunque un poco menos, con el machismo y el prejuicio, las jugadoras ahora son profesionales, tienen contratos y cuentan con una estructura muy superior.

"Había mucha dificultad y no teníamos estructura, pero teníamos mucho amor, mucha raza, mucho cariño por el país, por la camisa", completó Fanta.

Para "nosotras -agregó-, la diversión era estar allá, representar (al país) sin valor financiero ninguno, pero dejando el fútbol femenino en evidencia, algo que no vemos en las nuevas generaciones".

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