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Querida rutina

Viernes, 27 de Marzo de 2020. 17:25
Imagen de un atasco (Foto: EFE).
Imagen de un atasco (Foto: EFE).

"Eres lo único que veo entre la niebla, lo único que vale la pena", escribe José Miguel Conejo Torres, que no es otro que Leiva en En el Espacio. Me recordó a ti, a tus cosas, a tus manías, a tus idas y venidas. Después Leiva acompañó su canción con un na-na-na más típico de aquella última fiesta que disfrutamos juntos. Y volví a recordarte, querida rutina.

Na-na-na-na también cantaba Alejandro Sanz en la última canción que suena en mis cascos -Looking for Paradise- y no creo que sea casualidad que todas melodías que mi reproductor me aconseja para este día bailen con dicha letra. Porque ná, ná, ná es lo que podemos hacer.

Porque como te decía, rutina, me acordé de ti. Tras más de diez días de confinamiento -y como sigamos así será confitamiento porque mi casa parecerá una confitería-, te eché de menos: el despertador, el ruido de mi viejo coche, el buenos días de esa simpática mujer que limpia las escaleras de mi bloque. Eché de menos el café de las 08.00 horas, el rápido saludo de mi compañero de piso antes de salir -tarde- de casa. Eché de menos la llamada de mis padres mientras conducía hacia redacción, el atasco habitual (¡hasta el enfado en mitad de la autovía!). Eché de menos el silencio de la redacción temprano, el bullicio de la misma cuando el mediodía se acercaba. Y el fin de semana... ¡ay ese balonazo de Bordalás! ¡Cómo te echamos de menos!

En este confinamiento tan extraño los amantes al fútbol hemos comenzado hasta añorar el balonazo de Bordalás

Porque hemos vivido en una constante queja, sumidos en una rutina que acababa con nosotros, que nos exprimía y nos obligaba a llegar a la cama asfixiados. ¿Y ahora qué?

Ahora, en esta turbia niebla, en estos largos días en casa, en esta distancia con nuestros familiares, con nuestros allegados. En este aplauso, en este rezo diario, en estas lágrimas que a veces se escapan en una mezcla de impotencia, rabia y miedo. En este momento, apareces tú, querida rutina. El deseo que parece inalcanzable.

Pero Guardiola consiguió ganar cuando era un mindundi de los banquillos, Zidane -que apenas sabía poner alineaciones- ganó tres Champions consecutivas, el Maracanazo se firmó y celebró. Incluso España ganó el Mundial perdiendo el primer partido. Y nosotros, que tampoco somos cojos, también podemos conseguirlo.

Quédense en casa, aguanten un poco. Pierdan las huellas aplaudiendo cada día a las 20.00 -por favor, no a las 19.58- porque la rutina, aunque no lo parezca, es lo único que merece la pena.

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