Un ensayo maradoniano (I): Los heterónimos

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Alejandra Herranz

Entre Diego y Maradona, ¿Dónde quedó Armando? Es más: ¿Hubo alguna vez un Armando? ¿Alguien recuerda a ese segundo nombre olvidado de Armando? ¿Quién era Armando? La figura de Diego Armando Maradona remite a múltiples heterónimos, como en el poeta portugués Fernando Pessoa.

Pessoa creaba identidades literarias ficticias y le atribuía biografías. Allí quedaron Alberto Caeiro, Alexander Search, Álvaro de Campos, Ricardo Reis o Bernardo Soares, viviendo existencias propias y separadas bajo la atenta mirada y desde la pluma del propio Pessoa, el originario.

En cambio, las identidades fractales de Maradona eran muy distintas, como opuestas a la propia configuración. Aun así, también tuvo sus heterónimos pessoanos: Pelusa, Pelu, Diego, Diegote, Dieguito, Diegol, El 10, D10S, El Pibe, Maradonna o Maradona, viviendo existencias multiplicadas y libres, lejos de la mirada y del domino de balón del propio Maradona.

Julen Guerrero y Diego Armando Maradona, en un Athletic Club-Sevilla.
Julen Guerrero y Diego Armando Maradona, en un Athletic Club-Sevilla.

Porque, ¿Quiénes conformaban a Diego Armando Maradona, si no eran sus casi heterónimos, acaso los más populares? Los que fueran conformaron la amplia identidad maradoniana.

Heterónimo maradoniano 1: Maradona. Esa costumbre de hablar de sí mismo en tercera persona, en la que el Maradona referido siempre era otro, un tercero, acaso una figura pública ajena a él mismo.

Heterónimo maradoniano 2: El Pelusa, el Pelu; el apodo más familiar, el que intentaba anclar en la serenidad a esa explosión de vida que era este escorpiano con ascendente en Escorpio.

Heterónimo maradoniano 3: Dieguito, Diegote, Diegol. Variaciones del Maradona niño, del Maradona que tenía por apoderado a Guillote, es decir, a Guillermo Cóppola, del jugador exquisito y talentoso que asistía a otros para que marcaran dianas o que finalizaba él mismo la jugada que había comenzado.

Heterónimo maradoniano 4: El Pibe; acaso, el más alejado de su querencia. Porque éste era el apodo alusivo que le otorgaron los medios de comunicación españoles como expresión de un conocimiento limitado del argot argentino y de su lunfardo.

Heterónimo maradoniano 5: Maradonna, el de la etapa en el Nápoli, su cénit como jugador. Maradona era equivalente a la figura de la Virgen María, a lo más sagrado allende la pelota y la camiseta de un equipo. Quizás el primer alter ego de su ascetismo futbolero.

Maradona, tras anotar uno de sus famosos goles ante Inglaterra en el Mundial de México 1986.
Maradona, tras anotar uno de sus famosos goles ante Inglaterra en el Mundial de México 1986.

Heterónimo maradoniano 6: D10S. El fútbol entrelazado con la sacralidad y la mnemotecnia. Acaso el remedo de la teoría del escritor catalán y culé Manuel Vázquez Montalbán: que el fútbol era una religión en busca de un dios. El olimpo futbolero tuvo muchas deidades, sin embargo, D10S fue único y fue Maradona.

Heterónimo maradoniano 7: Diego. El de su resurrección personal en sus momentos del séptimo día, los de descanso, acaso los más pretéritos. De cuando estaba en familia, con Doña Tota y Don Diego, con la Claudia, con sus hijas Dalma Nerea y Gianinna Dinorah, con su hermandad (la Ana María, la Kity, la Lily, la María Rosa, el Turco, el Lalo, la Cali).

Heterónimo maradoniano 8: el del misterio, el de la magia. Su pie izquierdo, su zurda hacedora de milagros y resurrecciones con la pelota. El mismo que le daba 90 minutos de felicidad en cada partido: “Cuando vos entrás a la cancha, se va la vida, se van los problemas, se va todo”, que dijo tantas veces.

Pero hablaba también de misterio. ¿Cuál sería el heterónimo de su misterio, del misterio de Diego Armando Maradona? ¿Acaso el de Armando?

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