Un ensayo maradoniano (V): Una postal de la despedida de soltero

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Alejandra Herranz

Claudia Villafañe y Diego Armando Maradona se conocieron en la adolescencia. Ella tenía 15 años y él, 16. Maradona vivía en su casa de la calle Argerich, con su familia, en el fondo. En el frente, vivían los Villafañe. Ella iba al colegio y él, a entrenar. Después de mucho mirase -de soslayo, de frente, en un descuido- comenzaron a salir oficialmente el 28 de junio de 1977.

Formalizaron durante un baile en el Club Social y Deportivo Parque, cuando empezaban los lentos. “Yo te propongo / que nos amemos / nos entreguemos…”, arrancó cantando el brasileño Roberto Carlos. “Yo te propongo / darte mi cuerpo / después de amar…”, insistía. “Y mucho abrigo / y más que todo / después de todo / brindarte a ti mi paz…”, susurraba el cantante las palabras que a un tímido Maradona le faltaban para decirle a su chica.

Pasaron los años, juntos y sin interrupciones, pese a la entrada y salida de terceras mujeres en la vida de Maradona. Como la de Cristiana Sinagra, cuando ya estaban instalados en Nápoles; de su affaire con ella nació Diego Armando Jr. el 20 de septiembre de 1986. El primogénito recién sería reconocido por el propio Maradona el 26 de agosto de 2016, aunque la Justicia italiana lo había hecho muchos años antes.

El 2 de abril de 1987 nacía Dalma Nerea Maradona. Y el 16 de mayo de 1989 venía al mundo Giannina Dinorah Maradona. “Las nenas”, las únicas a las que aludía Maradona, quien iría reconociendo más hijos e hijas con los años. Pero estamos en 1989. Concretamente, el 7 de noviembre de 1989. Ese día, el Diego y la Claudia se casaban.

Fidel Castro, junto a Diego Armando Maradona.
Fidel Castro, junto a Diego Armando Maradona.

Celebraron su boda en el Luna Park, por entonces propiedad del manager de boxeo Juan Carlos “Tito” Lectoure. Fue tras su boda en la Iglesia del Santísimo Sacramento de la ciudad de Buenos Aires. Eran los albores de la pizza con champagne de los días menemistas.

Fue una boda y una fiesta por todo lo alto. Vestido de Elsa Serrano para la novia, con 800 cristales de roca, 1.500 piedras preciosas y 5 kilos de canutillos de cristal procedentes de Francia, según se rememora en la revista Vanity Fair. Escenografía de Candeltay con piso de moqueta gris y una araña central de 6 metros de altura y 12.000 bombillas. Unos 1.200 invitados que se jartaron con el buffet de canapés de caviar, salmón ahumado, trucha, palmitos, jamón serrano, langostinos, quesos más una tarta de 8 pisos con 100 cintas con 99 anillos de oro y uno de diamantas. Y la actuación del grupo Manhattan, de la ciudad de La Plata.

Pero, antes, hubo una despedida de soltero para Maradona. Fue en la disco “Trumps”, que era del empresario de la noche porteña Leopoldo “Poli” Armentano, quien sería asesinado el 22 de abril de 1994.

Algunos detalles de la organización de dicha despedida están narrados en el libro Extraña Princesa. Autobiografía de Isabel Palacios (Dunken, 2019), de Isabel Palacios y Alejandra Herranz. Porque esta exmodelo, conocida como “La extraña de las botas rosas”, era la responsable de las relaciones públicas de la disco.

Maradona, tras el gol de Messi ante Nigeria.
Maradona, tras el gol de Messi ante Nigeria.

“En aquel tiempo, Maradona era el jugador estrella del Nápoli, en la Serie A del Calcio italiano. Un club del sur de Italia que entonces estaba vinculado a la mafia de la Camorra napolitana que, como apunta el filósofo Juan José Sebrelli en uno de sus libros, ‘dominaba el mundo de la droga, el contrabando, la prostitución, el juego, los lugares de diversión nocturna y también el fútbol y el ‘totonero’, el mercado negro de apuestas sobre los resultados de los partidos’. El 60% de los tifosi del Nápoli pertenecía a las fuerzas de choque de la Camorra, según fuentes judiciales.

“Fue en ‘Trumps’ donde un día de 1990 se organizó la despedida de soltero de Maradona: él mismo llamó para pedir que se le organizara la fiesta, con 40 chicas de alterne, de cabaret; lo que en el argot se llaman coperas. Fue un evento muy difícil de organizar. ¿De dónde iba a sacar yo a 40 chicas? Una parte vinieron de un boliche de la zona de Quintana y Callao y el resto, eran chicas que yo conocía. Le dije a Poli que la idea de esta fiesta de despedida era pésima. Que afuera iban a estar la prensa, los fotógrafos:

–Poli, esto va en contra a lo que me pediste para ‘Trumps’: que sea un lugar donde los clientes puedan venir con sus esposas o sus parejas; y esto, va a hacer ir todo para atrás, por el impacto que pueda tener– le expliqué. “Pero la egolatría de Poli fue más fuerte: admiraba a Maradona y no podía perder ese honor para ‘Trumps’, su boliche. La fiesta se hizo, nomás.

“El día de fiesta nos pasó de todo: la noche comenzaba mal parida. Las chicas tenían que entrar y cambiarse en el boliche. Pero se nos rompió la cerradura de la puerta de entrada, que había quedado con un pedazo de la llave dentro del tambor. Hubo que llamar al cerrajero que llegó para arreglar el tema mientras estaban los de la tele filmándolo todo, como una curiosidad. ¡Y las chicas de la fiesta adentro!

“Las chicas que participaron en la despedida pidieron que yo estuviera presente cuando firmaran sus contratos de obligaciones y pago. Estuve y fueron una-a-una pasando y cobrando, conmigo de testigo. No todas cobraban igual. Poli ‘tiraba’ una suma y convenían su participación en la fiesta, lo charlaban individualmente. Para mí fue genial ver cómo se evaluaban cada una de las chicas: qué estaban dispuestas a hacer, qué no, los servicios que incluían, los que no. Cuando terminó de hablar con todas, Poli dijo:

–La que se arrepienta, sale con Isabel.

“Porque luego se cerraban las puertas y quedaban sólo los protagonistas de la despedida, sin más testigos. Al tiempo, Maradona me dijo que fue su fiesta más cara y que le costó un pelotazo.”

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