Iker Muniain, Bilardo y el asunto del Kiricocho

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Alejandra Herranz

Iker Muniain es el capitán del Athletic Club de Bilbao. El principal interlocutor entre vestuario y cuerpo técnico y junta directiva de la entidad vizcaína. En cada partido de su equipo, antes de ingresar al campo, el pequeño Bart se santigua varias veces. ¿Por creyente o por supersticioso? No lo sé. Sólo sé que hace la señal de la cruz cristiana unas 2 ó 3 veces antes de pisar la cancha. El planeta fútbol está lleno de supersticiones.

Así tenemos jugadores que pisan el césped primero con su pie derecho, o que entran en determinado lugar de la fila del 11 inicial. El argentino Carlos Salvador Bilardo es uno de esos grandes supersticiosos del fútbol. Su anecdotario alusivo de cábalas es interminable.

Por ejemplo, en su paso como entrenador del Estudiantes de La Plata campeón del Torneo Soberanía 1982. A un empleado allegado al club se le atribuía condición de gafe cuando presenciaba los entrenamientos del primer equipo. Bilardo invirtió la carga de la prueba supersticiosa: le hizo responsable de recibir a los equipos rivales en el estadio de 1 y 57, con una palmada en la espalda a cada jugador visitante. Era el Kiricocho.

Iker Muniain feliz en otros momentos de la temporada, como en su gol al Sevilla (Foto: Athletic Club).
Iker Muniain feliz en otros momentos de la temporada, como en su gol al Sevilla (Foto: Athletic Club).

En la selección argentina son múltiples sus caprichosas e irrenunciables cábalas. En la Copa del Mundo FIFA México 1986, hasta el autobús que trasladaba al equipo a los estadios era objeto cabulero: siempre tenían que ir los mismos dos policías escoltando el bus, que tenía que tardar siempre el mismo tiempo hasta llegar al estadio.

Pero no quiero desconcentrarme. Que hablaba de Muniain y de un gesto que tuvo al ingresar al campo del estadio de La Cartuja la noche de la final de la Copa del Rey 2020 perdida ante la Real Sociedad. La superstición tácita indica que la copa no se toca antes de recibirla porque, si se procede así, ese equipo pierde. Eso implica no tocarla en el ingreso al campo.

Muniain, haciendo honor a su apodo Bart Simpson (Bart como anagrama de Brat: “malcriado” en inglés), tocó la Copa. Acaso un gesto retador ante las supersticiones tácitas, acaso una tentación a la suerte.

O acaso el gesto de Muniain no tuvo que ver con las supersticiones, sino con una falta de concentración, tan necesaria en una final. El gesto de tocar la Copa no fue ni una superstición ni la inversión de la carga supersticiosa.

Marcelino, cabizbajo durante el partido ante la Real en la final de Copa (Foto: Kiko Hurtado).
Marcelino, cabizbajo durante el partido ante la Real en la final de Copa (Foto: Kiko Hurtado).

Desde mi punto de vista, fue un gesto de completa desconcentración ante lo que se avecinaba: una final de Copa única, de derbi. Más pendiente de la tontería de la cámara de televisión, de los comentarios que su gesto podía generar en la prensa.

La actitud del capitán requería estar a la altura de las circunstancias: concentrado en el partido, liderando a su equipo en esa concentración y esa atención colectivas ante 90 minutos únicos. No fue así. Una pena.

Al final del partido, ya con la Real Sociedad campeón de la edición 2020 de la Copa del Rey, quien dio la cara fue Óscar De Marcos. En el dolor de la derrota, él sí dio la cara, muy concentrado en sus palabras. Me quedo con este gesto como esperanza ante la próxima final de Copa del Rey 2021 ante el FC Barcelona.

3 comentarios

  1. Pedro

    Vaya pantomima de artículo. En fin.....

  2. Eki

    Orgulloso de lo que somos eutsi gogor

  3. Eki

    Que chorradas, fuimos peores e hicimos el ridículo, jotake

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