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El fin del mundo
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El fin del mundo

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Juan Carlos Aragón

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Otra semana más de un espanto a otro mayor. No sé ya cuántas van ni cuántas más podremos resistir. Nostradamus profetiza que el cambio de milenio traerá consigo una plaga de ladrones que sumirá al mundo occidental en una catástrofe sin precedentes. O será el traductor, que se las veía venir. En la Biblia también se habla del Paraíso. No sé por qué los teólogos se empeñan siempre en situarlo en el cielo y tras la muerte, cuando en la tierra hay 33 y los 33 están funcionando a pleno rendimiento. Lo del valle de lágrimas queda más claro. Ahí no hay metáforas que interpretar, se refieren al pueblo. “Todas las generaciones conocerán una guerra”, siempre se nos ha dicho. Y cuando mi generación se las promete más felices creyendo que el riesgo ha pasado, boom: y sin poder defendernos por no saber de dónde nos viene. Es una guerra nueva. No son armas químicas, sino fiscales, políticas y económicas. Nos están crujiendo. El 25% del PIB está en paraísos fiscales y el resto en paraísos políticos. El rostro del pueblo al salir de la trinchera lleva impreso el dolor, el miedo, la impotencia, la tristeza y la desesperanza. Está preso bajo un amasijo de escombros de honor, entre los derruidos techos de la ilusión. Es un ataque tras otro con misiles de papel timbrado.

Oí el jueves en la radio a una mujer lamentarse: -“Esto es una guerra; no nos disparan porque muertos no les servimos, nos quieren vivos”. Agonizando, diría yo, con las fuerzas justas para seguir produciendo. Sólo les ha fallado el cálculo del aumento de la esperanza media de vida. Cuando más hemos decidido cuidarnos va a ser cuando menos sentido tenga. Sin trabajar y con pensiones no les somos rentables. A los judíos los eliminaban con gas. Para nosotros tienen que estar ideando ya algo más sutil. Estamos en otro Auschwitz mayor, con una alambrada económica que rodea a todo el sur. Inocentes como los pobres judíos que albergaban su esperanza en el sentimiento de utilidad mientras trabajaban, aún los hay que creen en la democracia como religión para frenarlos, cuando la religión siempre sirvió de opio del pueblo que permitió justo lo contrario.
Lo de Panamá es económicamente miserable, políticamente vergonzoso, socialmente insoportable, y todo lo que tú quieras que sea. Pero, sobre todo, es apocalíptico, por su aspecto moralmente definitivo. Creo que puedo recuperar la fe en Dios antes que en estos mierdas. Los poderes fácticos, más unidos que nunca, no están participando de una corrupción generalizada, a ver qué pamplinas le contamos a la gente. Esto es una guerra y ellos son nuestros enemigos, más allá de las ideologías y las fronteras, cuales fueron hasta anteayer las causas clásicas de la guerra, porque la izquierda política (que no la social) y la derecha económica se dan se frotan las manos en Suiza y en Panamá, en Luxemburgo y en Andorra, y dejan lo de España para la Eurocopa.
No obstante, más terrible que ir identificando a Soria, Conde, Blesa o Aznar en el ejército económico de la Otan, mucho más terrible aún es ver cómo también se alistan en él los chulos de nuestra cultura, la que nos quedaba como última salvaguarda de una civilización próspera. Si a nuestra maltrecha clase social de Los de Abajo le quedaba alguna esperanza de mantener arietes que penetrasen duro en las grietas del eurosistema, resulta que, de pronto, estos Arias o Almodóvar aparecen igual de borrachos en los selfies de la fiesta. Su actuación posterior, peor aún que la de Soria, para que les quiten el Oscar y el Goya (y les arranquen lo que rima). Pero la consideración de apocalíptico en el sentido de moralmente definitivo no viene determinada por los hechos en sí, sino por el silencio que rodea a los hechos, el silencio ensordecedor que suena como una bomba más en los nublados entornos de los hechos. Nadie se atreve a dar la cara por los que están saliendo, pero tampoco a condenarlos, ya que saben que los próximos pueden ser ellos porque estar, están, todos están, y lo saben, y lo sabemos; otra cosa es que salgan antes o después de muertos.
Se acerca el fin del mundo. Como el juicio final se celebre en la Tierra no van a hacer falta ni pruebas. Los van a coger de marrón. Pero ya me da igual la que les caiga. A nosotros esta vida nos la han jodido. Y bien.
JUAN CARLOS ARAGÓN

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  1. Jesús Mejías Estepa

    Brillante descripción. Por cierto, aunque los intuyo incluidos entre los poderes fácticos, ¿dónde estaban los nedios tradicionales: Ser, El País, El Mundo (y no digamos, ABC, Cope, A 3,...) mientras esto ocurría? Porque, que yo sepa, todo esto lo sacan a la lyz casi siempre medios marginales y bastante recientes. ¡Ay país! ¡Ay mundo! que nos ha tocado vivir.

  2. Breca

    ¡Admirable comparación! Sálvese quien pueda; las mujeres, niños y ancianos, primeros.

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