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Nos sobran los motivos

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Ion Urrestarazu

Viernes, 09 de noviembre de 2018. 09:00
Socios de la Real homenajeados antes del partido contra el Sevilla (Foto: Real Sociedad)
Socios de la Real homenajeados antes del partido contra el Sevilla (Foto: Real Sociedad)

He de reconocer que de unas semanas para aquí me empiezan a escasear motivos para sentarme delante de la televisión y ver el partido (entero) de la Real. La semana pasada, tras el engañoso empate en Vigo, decía yo que no había que bajar el listón tanto como para conformarnos con dos chispazos de no sé quién o dos apariciones de no sé quién otro, que eso no era más que el comienzo de una deriva muy poco recomendable.

Pocos días después, ante el Sevilla, más de lo mismo. Tras el partido, leía y oía comentarios acerca de la mejoría del equipo, de que parecía empezar a acercarse a lo que se espera del proyecto. Bastante perplejo me volví a quedar dado que no compartía esas sensaciones. Suerte de aquellos que así lo vean, pues seguro que han pasado una semana más feliz que yo.

Sin embargo, y pesar de mis pesares, hay una cosa que me ha devuelto gran parte de esa ilusión que a veces se desvanece (que no desparece) y que te hace divagar entresemana evitando un poco seguir enchufado en clave txuri urdin: ver las imágenes y oír lo que decían los socios más antiguos de la Real que fueron homenajeados el domingo en Anoeta ha sido un chute de sentimiento realista; pero no sólo eso, un chute de serenidad, de sosiego, de saber estar, de sabiduría incluso diría yo. Socios que lo han visto prácticamente todo, que han pasado su vida casi de la mano de la Real, y que cuando les preguntan acerca de la Real se les enciende la cara y un brillo imposible de describir les ilumina los ojos. Me he puesto el video varias veces y cuanto más lo veo más pequeño me siento. Cuántas vivencias, cuántos disgustos, cuántas alegrías. Cuánta Real.

Viéndolos y oyéndolos, me empiezan a sobrar motivos para sentarme esta noche delante de la tele y sufrir en la soledad que tiene esta lejanía mía en aras de conseguir una victoria que nos haga el fin de semana un poco más feliz. Ellos son el espejo en el que mirarnos, son el símbolo, el escudo que llevamos por dentro de la camiseta, invisible pero tatuado en la piel, corriendo como un volcán por las venas. Por ellos, y porque ellos son irrepetibles, nos sobran los motivos para seguir creyendo, para seguir creciendo, para seguir viviendo contigo, Real.

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