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Perdón por sentirlo

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Ion Urrestarazu

Viernes, 29 de Marzo de 2019. 09:00
Lance del último partido de la Real en Liga (Foto: LaLiga)
Lance del último partido de la Real en Liga (Foto: LaLiga)

No debería pedir perdón por sentir lo que siento y aunque lo vaya a hacer realmente no lo pido de verdad ni nada convencido de ello. Simplemente digo esto porque de un tiempo a esta parte lo que se lleva es ser más papista que el papa y aparentar (que no serlo ni sentirlo) lo más políticamente correcto posible.

Siento que esta jornada de descanso me ha venido de lujo para no tener que estar pendiente del horario del partido y empezar a hipotecar el fin de semana (o el viernes o lunes de turno) en función de la fecha y hora del partido de la Real. Me ha venido bien también para después de casi dos semanas sin partido, darme cuenta que no lo hecho apenas en falta. Podrá ser meter la cabeza en la tierra como el avestruz o lo que sea pero, como bien dice el dicho, ojos que no ven corazón que no siente. Gran verdad.

No le veo otra explicación que la fase de desilusión en la que me encuentro estancado desde hace bastantes semanas, demasiadas diría yo. No soy sospechoso de bajarme y subirme del carro según esté mejor o peor asfaltado el camino o según lo exitoso que esté resultando el viaje. Sin embargo, el conjunto de sensaciones que me abordan y que se han instalado en mí a consecuencia del paulatino declive del devenir de la temporada, he de confesar que ha provocado que me cueste estar enganchado a mi querida Real, a su día a día, a su actualidad. Aun así es inevitable ese enganche emocional que siempre estará ahí. Quien bien te quiere te hará llorar. Otra gran verdad.

Y siento también que ya no me valen las excusas. Ni las lesiones, ni las malas rachas, ni las palabras bonitas. Nada garantiza nada. Se ha visto que se ganan, se pierden y se empatan partidos con unos y con otros. A jugadores y técnicos me refiero.  Por eso pienso que habría que parase a saber qué es lo que se quiere a partir de ya. Y buscar ese camino a seguir pero de verdad. No darse la vuelta en busca de otra senda porque lleves un rato caminando y te parezca que no llegas a ninguna parte o te esté costando avanzar algo más de lo que te imaginabas al principio. Decir lo que uno siente nada tiene que ver con remar o no remar, o con ser un “vinagres” o un desestabilizador. El amor a un equipo es como la energía, ni se crea ni se destruye, se transforma. Y cómo se vaya transformando depende de lo que desde el campo y los despachos nos vayan dando. Mientras tanto, con más o menos entusiasmo, más o menos motivado, te seguiré esperando.

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