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El cuento, la camiseta y cada uno con su historia

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Ion Urrestarazu

Domingo, 10 de Noviembre de 2019. 09:25
Portu, durante una carrera en el Real Sociedad-Leganés (Foto: LaLiga).
Portu, durante una carrera en el Real Sociedad-Leganés (Foto: LaLiga).

El cuento de la lechera es eso: un cuento. Una fábula de la que sacar enseñanzas y un aprendizaje o una moraleja que te ayude para próximas experiencias. Si en lugar de tomártelo así, como es, te lo tomas al pie de la letra, la sensación de fracaso o frustración brota por sí sola, muy alejada de la realidad y totalmente desvirtuada del contexto original. Por eso, si nos ponemos a sumar los puntos que hubiera sacado la Real Sociedad ganando al Getafe CF, CD Leganés y Levante UD, como mínimo, estaríamos flotando en una nube tan alta como ficticia e irreal.

Yo, que soy muy de tener los pies en la tierra, prefiero quedarme con cosas tan simples e irrelevantes como llevar 23 puntazos, haber ganado partidos con un juego muy vistoso y ser un visitante temido allí donde viajamos. Espero que el modo ironía se haya notado, si no, que quede claro que para nada me parece algo simple o irrelevante. Estamos en una situación envidiable y lo mejor de todo (volvemos al cuento de la lechera) es que el margen de mejora es importante.
En Granada me llevé una gran satisfacción tanto en lo personal como en lo puramente deportivo. Pasé un gran día en muy buena compañía, compartí unos minutos con el bigote más elegante y sensato de la liga y viví, después de un tiempo de sequía, una victoria txuri-urdin de las que quedan para el recuerdo. Quizás por eso me sentía sobrado de moral ante la visita del Leganés del recién llegado Javier Aguirre. Sin embargo, y aunque no dejó se causarme cierto bajón y disgusto no haber conseguido los tres puntos ante el equipo pepinero, no me acosté con mala sensación ni mucho menos.

El porqué podéis preguntárselo a mi querida madre, que tras ponerle en alerta la víspera del partido con el anuncio de la salida a la venta de la edición especial de la camiseta, me dio la alegría del año cuando me mandó una foto horas antes del partido de la camiseta comprada. Puedo sentirme y me siento muy afortunado de que otro amigo (mi fratello) también me consiguiera la camiseta, todo lo cual ya ponía el listón muy alto para que el día se torciese mucho pasara lo que pasara en el campo. Como digo, no fue el resultado esperado, pero no nubló mi alegría.

A alguno puede que le parezca algo superficial o quizá no le dé tanta importancia como yo, pero para mí, que llevo esa imagen de la camiseta en el fondo de mi corazón y tatuada en la superficie de la piel de mi brazo como carta de presentación de lo que soy y de dónde vengo, me parece la guinda del pastel de un comienzo de temporada muy ilusionante. Siempre he sido muy fiel a los colores de nuestro escudo y por ello nunca he tenido una segunda equipación, pues no concibo apenas una camiseta de la Real sin las rayas blanquiazules. Sin embargo, esta camiseta me ha parecido todo un acierto y casi me dan más ganas de ponerla en un cuadro que de otra cosa. Creo que nunca es mal momento para sacar pecho, para valorarnos un poco más y reivindicarnos por lo que somos. No sé si este año conseguiremos levantar algún trofeo pero de momento estamos arriba, la gente de otros equipos no admira y los ñoñostiarras como yo somos felices con algo tan simple como una bahía, una isla o una barandilla que aunque no se ve en la camiseta, se ve desde Sevilla.

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