El baúl de los recuerdos

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Ion Urrestarazu

Los jugadores de la Real Sociedad celebran un gol de Willian José al Real Madrid (Foto: LaLiga).
Los jugadores de la Real Sociedad celebran un gol de Willian José al Real Madrid (Foto: LaLiga).

La pandemia nos ha condenado a ver el fútbol por la tele. Nos ha dejado sin poder ir a los estadios a ver el futbol en vivo y poder animar a nuestro equipo. No solo nos está privando de los 90 y pico minutos de partido, sino todo ese ritual previo, incluso de varios días antes, organizando el fin de semana en función de la hora del partido, si hacer comida en la “soci” antes del match o una afari-merienda después, si da tiempo a un café y un “pote” rápidos antes de entrar al campo…

Todo eso desapareció hace casi un año de nuestras vidas. Y qué no decir de los viajes, los desplazamientos. Un año como este en el que en condiciones normales hubiéramos podido viajar por Europa, ser testigos de la inauguración del Diego Armando Maradona de Nápoles y, cómo no, disfrutar de la semifinal de la Supercopa. Dónde y en Andalucía además. En lo que a mí respecta, si cabe está siendo más duro de lo esperado, con el cambio de sede de la Supercopa a Córdoba y con las eliminatorias de Copa que el sorteo deparó que se jugasen en El Arcángel y el estadio de al final de La Palmera. No recuerdo en los 13 años que llevo en Sevilla un año con tantos partidos y de tanta importancia en Andalucía. Para tirarse de los pelos. De la final de Copa… paso palabra.

Y en la misma línea de lo anterior, la eliminatoria europea con el Manchester United. Con el grandioso e histórico recuerdo de los 6.000 de Manchester, haber podido tener la oportunidad de volver hubiera sido maravilloso. En mi caso, viajé con mi familia de la Peña El Sur, saliendo desde el aeropuerto de Málaga destino Liverpool, y desde allí autobús a Manchester. De los Beatles a Oasis. El recuerdo es imborrable e inevitablemente, el jueves se arremolinaban en mi cabeza numerosas imágenes, anécdotas. Las pintas, no las que llevábamos, sino las de beber, volaban en el mejor sentido de la palabra, porque si de algo fuimos ejemplo en ese viaje, fue de la buena educación y el civismo. El partido del pasado jueves fue en Turín, y la visita a Old Trafford será dentro de unos días, pero todas esas emociones se adelantaron y se presentaron antes de tiempo.

Miró para atrás y aunque toda esta situación surrealista apenas ha cumplido aún un año, me parece estar hablando de hace siglos. No es que quiera remover el baúl de los recueros sino que es el baúl el que viene a mi puerta y llama al timbre una y otra vez. Yo, preso de la nostalgia que a veces me engaña con su droga y me engancha para después dejarme colgado y sin mi dosis, le abro la puerta y visiono el recital del Bernabéu, los golazos de Isak, la fiesta en aquella esquina, la fusión con el equipo cuando volvieron a salir con el estado vacío. Y Miranda. Ese pase a una final tantos y tantos años después. Como dice una canción de Loquillo, cuando fuimos los mejores…

El baúl de los recuerdos siempre tiene sitio para más. Es como una de esas puertas de armario que al traspasarla apareces en otro mundo, en otra dimensión, como en las Crónicas de Narnia. Quién me dice a mí que dentro de unos meses o en unos años no me vendrán a llamar a la puerta recuerdos de aquella histórica victoria en la primera final de Copa entre equipos vascos y una exitosa clasificación para volver a llevar por Europa el escudo de la Real, defendido con educación y civismo ejemplar por sus fieles y orgullosos seguidores. Como dice la archiconocida canción, buscando en el baúl de los recuerdos, cualquier tiempo pasado nos parece mejor, volver la vista atrás es bueno a veces, mirar hacia delante es vivir sin temor.

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