El camino

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Ion Urrestarazu

La afición de la Real Sociedad animando a la Real en un partido.
La afición de la Real Sociedad animando a la Real en un partido.

-Aupa.

-Aupa, ¿cómo así por aquí?

-Nada, que venía a traerte una cosa.

-¿Pues?

-Pues porque desde que ya no estás han sucedido muchas cosas, muchísimas, aunque te puedo asegurar que después de todo este tiempo es una gozada ver el orgullo que siente  la gente por la Real.

Te contaré lo de Vigo, que dicho así no dice nada, pero es que cinco años después de que ya no estuvieras estuvimos a unos minutos de ganar LaLiga Santander. Una liga, joder, una liga. Vigo se tiñó de azul y blanco, fue una pasada, pero perdimos y la oportunidad se esfumó. Cuando el árbitro pitó el final rompí a llorar. De rabia, de pena. Allí, con la cabeza baja y con las manos tapándome la cara, las lágrimas parecían anunciar un futuro duro. Y no se equivocaban. Es verdad que el año siguiente jugamos la Champions, pero a partir de entonces todo se empezó a torcer y cuatro años más tarde, en 2007, descendimos. Bajamos a Segunda joder, a Segunda. Infierno le llamaban, pero yo creo que en el infierno de verdad se tiene que estar mejor. Te diré que sufrí un Sevilla Atlético-Real en un desértico Ramón Sánchez-Pizjuán, donde un grupo de niños del filial sevillista, arropado por sus madres en la grada, nos ganó uno a cero. Quedaron últimos y bajaron a Segunda B habiendo ganado sólo dos partidos, el nuestro y otro. Me río yo del infierno.

Una voz de orgullo, una mente serena con un corazón enorme nos enseñó el camino, y al grito de “no se desunan, todos juntos pueden lograr muchas cosas” volvimos a Primera, volvimos a nuestros orígenes, encontramos de nuevo la brújula que parecía que habíamos perdido; y a la vez que celebrábamos el centenario se asentaban las bases de la Real del futuro. Cómo te lo hubieras pasado en Cádiz. El Carranza fue una fiesta, parecía víspera de San Sebastián. Qué gozada. Inolvidable.

A partir de entonces, liderados por un chico de casa, humilde, exquisito con el balón y las personas, fuimos dando pasos firmes. Con este joven que ya es leyenda y que lanzaba los penaltis como los ángeles, Xabi Prieto se llama, volvimos a la Champions. Una pasada también. Fuimos más de seis mil de la Real a Manchester y Europa entera fue testigo del mayor desplazamiento de aficionados hasta el momento. No solo fue el mayor sino el mejor, qué gran ejemplo dimos. Qué a gusto habríais andado por Shambles Square, donde Sarri Sarri sonaba como si estuviéramos en Santo Tomás o en un día de regatas. Lo de menos fue el resultado, perdimos uno a cero con gol en propia puerta de uno que sin que lo supiéramos llevaba la camiseta equivocada. Sólo quería dinero y dinero consiguió, estaba claro que no era uno de los nuestros.

-Bueno, ¿y qué es eso que me has traído?

-Toma.

-¿Una camiseta de la Real? Si tengo muchas…

-Ya, pero como esta no.

-Anda, ¿y qué es eso dorado que tiene el escudo? ¿Y todos esos partidos grabados?

-Es la camiseta de la final, Aitor. Estamos a punto de volver a ganar una Copa. ¿Ves cómo han cambiado mucho las cosas? ¿Y sabes lo mejor? En el nuevo Anoeta hay una grada con tu nombre que anima sin parar, que enciende al resto del campo y que hace volar al equipo. Por eso entre otras cosas pudimos llegar a la final. Venga, póntela que esto ya está aquí. Te queda de lujo. Vamos a ganar la Copa.

-Sí, yo ya lo sabía.

Por Aitor. Por todos. Aupa Real.

Homenaje a Aitor Zabaleta en el 22º aniversario de su asesinato.
Homenaje a Aitor Zabaleta en el 22º aniversario de su asesinato.
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