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La verdad duele

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Un contenido de:
Ion Urrestarazu

Hay quien dice que las estadísticas son pequeñas mentiras porque por ejemplo, si en una habitación hay dos personas y dos pollos asados, la estadística dice que toca a un pollo por persona, sin embargo lo que los números no contemplan es que los dos pollos se los coma el mismo y la otra persona se queda sin nada. De ahí la pequeña farsa que a veces esconden las estadísticas. Ojalá en cuanto a las comparecencias de la Real en el Camp Nou de las últimas cuatro décadas pudiéramos decir lo mismo, que guardan otra lectura, otra visión, otra punto de vista, pero va a ser que no. El domingo nos dimos nuevamente contra el mismo muro de casi siempre, contra la misma piedra, la misma frustración.

Como dice la canción de Sabina, nos sobran los motivos para creer y confiar en la Real, y sobre todo para estar orgullosos de cómo es y cómo se trabaja la cantera de Zubieta, la mejor sin duda alguna de toda la liga y probablemente de Europa. Tras meses de pandemia, de fútbol únicamente por la tela y con gradas vacías, el domingo parecía volver un poco el fútbol de antes, y volvían las cosquillas en el estómago de ver una Real que hacía apenas unos meses salía campeona de Copa y conseguía ese quinto puesto únicamente por detrás de los súperpresupuestos que manejan sus cuatro predecesores. Había ganas e ilusión, mucha ilusión y confianza en romper esa mala racha pero la puesta en escena del equipo defraudó desde el inicio y a mí personalmente, el segundo gol a nada de del descanso me sentó como una bofetada que me sacó de lo más profundo un grito de rabia y desesperación. Daba igual que aún me quedaran días de vacaciones, que la vida me sonriera, ese gol me amargó ese tramo de la tarde-noche. Y eso, por mucho que ocurra una y otra vez, no se entrena.

Remiro, ante Griezmann (Foto: LaLiga).
Remiro, ante Griezmann (Foto: LaLiga).

En uno de esos momentos en los que la mala leche me hizo cambiar de canal, vi que en otra cadena estaban poniendo una película de Will Smith, cuyo título me remató: La verdad duele. Me hizo girar la cabeza a ambos lados, mirando adelante y atrás como buscando si alguien hubiera entrado en mi casa a poner cámaras y fuera víctima de uno de aquellos programas de antes de cámara oculta. Creo que esto último hubiera sido estadísticamente más probable que ganar de una vez en feudo culé.

Por cierto, un tal Mikel Oyarzabal Ugarte metió un gol de falta que si lo mete cualquier otro de los que estáis pensando da la vuelta al mundo. Pero claro, lo metió un canterano de la Real de 24 años, que solamente ha sido uno de los mejores jugadores de la Eurocopa y el mejor de los JJOO. Y es la que la verdad duele…

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