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Ion Urrestarazu

Sábado, 07 de Septiembre de 2019. 08:53
Ambientazo en las gradas de Anoeta (Foto: RSO).
Ambientazo en las gradas de Anoeta (Foto: RSO).

Era el año 1993 y el vetusto Atocha daba el relevo al moderno Anoeta. Tenía su pista de atletismo sí, pero en ese momento no nos parecía para tanto. Esa estructura tubular inundando toda la cubierta parecía darte la bienvenida a algo así como una estación espacial de la NASA. Esos asientos individuales que jubilaban al hormigón corrido del paseo del Duque de Mandas.

Nos mudábamos a una casa nueva, mucho más grande, más espaciosa, más lujosa, como en las películas de la tele de domingos por la tarde. Y como en esas eternas películas, no todo era tan bonito como parecía. Demasiado grande quizás. Vértigo, puede ser. Y al poco tiempo las pistas ya sobraban de nuestra vida.
30.000 personas cabían entonces. Una barbaridad suponía en aquel momento.

Sin embargo, cinco años después se ampliaron los fondos con las famosas entreplantas alcanzando una capacidad de poco más de 32.000. Ahí estaba yo. Qué recuerdos. A día de hoy, la Real ha superado los 32.500 abonados, y bien merecen un campo como el que inauguraremos de verdad y definitivamente el próximo sábado. Y contra el Atlético de Madrid. Qué casualidad, Aitor y su grada estrenarán el nuevo Anoeta animando sin parar y más alto y fuerte que nunca. Seguro que desde Sevilla oiré las voces de todos y notaré su aliento. Porque si desde Sevilla veo La Concha, desde Sevilla también oigo la grada Aitor Zabaleta.

Es un orgullo ver cómo Anoeta se llena de niños y niñas. Y de mujeres. De hombres también, por supuesto, pero me ilusiona especialmente ver que las mujeres acudan al fútbol en masa. Recuerdo que en los años de Atocha no era tan común. Era otros tiempos y afortunadamente la sociedad avanza y mejora. Donostia, Gipuzkoa y todos los seguidores de la Real del resto del mundo somos y seremos siempre el mayor patrimonio de la Real.

Somos una gran familia en una gran casa. Disfrutemos de lo que tenemos y acojamos a los visitantes como nos gusta que nos reciban a nosotros allá donde vamos. Las casas no dejan de ser edificios, el hogar ya es otra cosa. Que los más pequeños vean que Anoeta es su hogar, un sitio donde animar a la Real, donde disfrutar y donde, por qué no, disgustarse un poco de vez en cuando.
Solo se llega más rápido pero acompañado, más lejos. Ataros las botas y apretad los tacos que nos toca jugar.

Bat, bi, hiru-lau, bost-sei-zazpi

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