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La Fundación y el Equipo Olímpico de Refugiados, Premio Princesa de Deportes

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Natalia Arriaga

Miembros del equipo olímpico de refugiados (Foto: EFE)
Miembros del equipo olímpico de refugiados (Foto: EFE)

La Fundación y el Equipo Olímpico de Refugiados del COI, creados para apoyar y ofrecer a los potenciales atletas de élite con el estatus de refugiados de las Naciones Unidas la oportunidad de clasificarse y participar en los Juegos Olímpicos, han sido distinguidos este miércoles con el Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2022.

El Equipo Olímpico de Refugiados fue creado por el Comité Olímpico Internacional (COI) en 2015, cuando éste pidió a los diferentes comités nacionales que identificasen, en colaboración con ACNUR, a los atletas refugiados cuyo nivel deportivo tuviera potencial para clasificarse para los Juegos, con el fin de ofrecerles la posibilidad de hacerlo a través de la financiación aportada por becas de Solidaridad Olímpica, un proyecto de ayuda a deportistas del COI.

Con el judoca Popole Misenga, de la República Democrática del Congo, como abanderado en la ceremonia de inauguración, el Equipo compitió por primera vez en Río de Janeiro 2016 con la participación diez deportistas que provenían de Etiopía, República Democrática del Congo, Siria y Sudán del Sur que participaron en atletismo, judo y natación.

Miembros del equipo olímpico de refugiados (Foto: EFE)
Miembros del equipo olímpico de refugiados (Foto: EFE)

En Tokio de 2020, la lista del Equipo Olímpico de Refugiados, que está representado por la bandera olímpica, estuvo compuesta por veintinueve atletas de trece comités nacionales, elegidos entre una primera preselección de cincuenta y cinco, que compitieron en doce disciplinas.

En aquella ocasión, Yusra Mardini (nadadora siria) y Tachlowini Gabriyesos (maratonista eritreo) fueron los abanderados en la ceremonia de apertura y el taekwondista iraní Kimia Alizadeh logró la medalla de bronce en su disciplina.

Dos años más tarde de la creación del Equipo, el COI creó en 2017, en colaboración con ACNUR, la Fundación Olímpica de Refugiados con el compromiso de apoyar la protección y el desarrollo deportivo y personal de atletas desplazados, más allá de las citas olímpicas.

La Fundación trabaja con organizaciones internacionales, empresas del sector privado, organizaciones no gubernamentales y otras fundaciones para establecer y fomentar programas de cooperación a través del deporte.

La historia de Yusra Mardini

La historia de Yusra Mardini conmocionó al mundo de manera particular. En 2012 ya participó en los campeonatos del mundo de piscina corta, pero su carrera deportiva, su casa, su centro de entrenamiento y su su vida quedaron destruidos por la guerra en Siria.

En 2015 huyó junto con su hermana Sara al Líbano, y luego a Turquía, donde se subió a un embarcación con otros 18 emigrantes, rumbo a las costas de Grecia. La barca, pensada para transportar a seis personas, comenzó a hacer agua. El motor se paró en mitad del Egeo. Entre los ocupantes, solo Yusra, su hermana y otros dos ocupantes sabían nadar.

Se lanzaron al mar y desde allí estuvieron achicando agua durante tres horas hasta que el motor volvió a funcionar. Lograron llegar a la isla de Lesbos con vida.

La huida de las hermanas Mardini no terminó ahí, sino que continuó a través del continente europeo hasta que ambas se instalaron en Berlín en septiembre de 2015. Yusra reanudó pronto sus entrenamientos en la piscina.

Apoyo a refugiados

En Tokio 2020 el equipo se amplió hasta las 29 personas. El programa de becas del COI, Solidaridad Olímpica, creó un programa específico de ayudas que ayudó a 56 potenciales deportistas olímpicos de 13 países, de los que salió la selección final. Yusra Mardini estuvo de nuevo en el grupo.

Refugiados de Eritrea, Venezuela, Afganistán e Irán, entre otros países, se unieron al equipo, que compite bajo bandera olímpica y en la ceremonia inaugural de los Juegos desfila en segundo lugar, solo después de Grecia, el país cuna de la competición.

El equipo es resultado de la colaboración de múltiples instituciones. La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados valida ante el COI que los deportistas tienen ese estatus y las federaciones se encargan de asegurar que su nivel deportivo sea el adecuado para competir en los Juegos. Las becas se encargan de que acudan a los Juegos apoyados por una delegación de entrenadores y asistentes: 35 personas les acompañaron en Tokio 2020.

Para que todas las piezas encajen, tanto en Río como en Tokio el COI nombró como jefa de misión del equipo a una histórica del atletismo africano, la keniana Tegla Loroupe, explusmarquista mundial de maratón.

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