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Guerreras desarmadas en la primera batalla

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Álvaro Ramírez (Tokio)

Lim, de las máximas goleadoras, supera la defensa española.
Lim, de las máximas goleadoras, supera la defensa española.

La selección española de balonmano sufrió un severo correctivo en su debut en los Juegos Olímpicos, un correctivo que es un serio aviso en un grupo en el que no se esperan concesiones por el nivel de las contrincantes. Este resultado de 24-31 debe servir como acicate de reacción inmediata, pero sobre todo para solucionar varios problemas, en plural, de las guerreras. En ataque no tuvieron confianza, fueron previsibles y apenas pudieron contar un contragolpe en casi todo el partido. Para colmo, Bundsen, la portera sueca, hizo un partidazo.

En defensa España no pudo nunca con la ofensiva sueca, mucho más dinámica e imprevisible.

El problema además no es solo la derrota, sino la diferencia de goles en un grupo que se presume igualado y que, a este nivel mostrado hoy por las españolas, está claramente cuesta arriba.

La primera parte fue dura para una España que arrancó bien pero que pronto se encontró con un muro sueco. Bueno, un muro en parte y en otra parte impotencia, porque cuando superaban la férrea defensa sueca, a las guerreras les costó ver puerta. Empezó Nerea Pena con bastante eficiencia pero a partir de ahí la aportación ofensiva fue bastante escasa por parte de las españolas. Poco juego por fuera con las extremas y repetición de una misma jugada que acaba con posiciones de disparo difíciles o con pérdidas incluso. A todo esto la portera sueca, Bundsen, se empezó a crecer y ayudó a agrandar el hueco en el marcador. Se fue al descanso España con cuatro de desventaja, 9-13, un tanteo que deja bien a las claras que el problema español fue de ataque, aunque las suecas también tuvieran durante algunos minutos del partido más facilidad de la esperada para convertir sus acciones.

El descanso llegó con polémica, porque un tanto sobre la campana de España fue anulado posteriormente con videoarbitraje al considerar los árbitros que entró fuera del tiempo.

El segundo tiempo cambió en la disposición, pues España pasó a defensa 5-1 para intentar incomodar algo más a las suecas, pero no el marcador. Porque de hecho las nórdicas empezaron a encontrar más espacio y tiro con igual o más facilidad. Sobre todo al contragolpe, algo que ejecutaron a la perfección. Suecia corría, España casi nunca, ni amenazaba a la contra. Tanto, que se marcharon en el marcador de 7 (12-19) a 21 minutos del final). Y en ataque, seguían los problemas. Poca aportación de las extremas, juego previsible y una Bundsen que se hacía más grande por momentos. Todo ello empezó a mermar aún más la confianza de las atacantes españolas, a las que le costaba soltar el brazo, incluso desde los siete metros faltó eficacia para aprovechar las oportunidades y recortar distancias en el marcador, que se mantuvo en seis/siete goles, incluso aumentó a ocho a falta de 10 minutos (18-26). Ese tramo final del partido fue un quiero y no puedo, un intercambio de golpes que ya solo beneficiaba a Suecia. No encontraba forma el equipo español de acortar las distancias y al final se mantuvieron en esos siete goles.

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