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Sin sufrir no sería el Atlético

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Miguel Ángel Moreno / EFE

Lo que podría haber sido una tarde para el título se convirtió en una tarde para el sufrimiento. Al más puro estilo Atlético de Madrid, perdiendo a 15 minutos del final ante CA Osasuna y remontando (2-1) para mantener la iniciativa para ganar el título, en un Wanda Metropolitano vacío pero inundado por los cánticos de los aficionados que se congregaron en el exterior.

"Todo el mundo te lo dice (el sufrimiento) por el lema del Atlético de Madrid, pero no pensaba que tanto", admitió tras el partido Luis Suárez, peleado durante la primera parte con la mala suerte, el portero Sergio Herrera y el poste. Pero definitivo en el minuto 88, cuando culminó la remontada llevando a la red un servicio de Yannick Carrasco.

Parecía que no iba a ser verdad, pero finalmente el uruguayo hizo realidad el augurio de su entrenador, el argentino Diego Pablo Simeone. En la víspera bautizó este tipo de partidos como "la zona Suárez". "Es un momento ideal para un futbolista como él", dijo el técnico el sábado.

Le dio la razón el charrúa en los últimos instantes, y acabó haciendo suyo el carácter agonístico rojiblanco. "Para ganar la Liga hay que sufrir", enunció el uruguayo a Movistar LaLiga tras el encuentro. Una frase que es puro Atlético de Madrid.

Lo que no cuadraba con la idiosincrasia del conjunto rojiblanco era llevarse el título con una victoria holgada y con la ayuda de un rival, el Athletic, que acabó derrotado por el Real Madrid (0-1) en San Mamés.

El Atlético de Madrid, acostumbrado a sufrir

Y eso que todo estaba preparado para el título. Incluso la copa de campeón liguero estaba en el Wanda Metropolitano, presta a ser entregada si se daban las circunstancias. Tampoco faltó el ramo de flores del córner derecho del fondo sur del Wanda Metropolitano, depositado por Margarita, la aficionada que instituyó esta tradición hace 25 años, el año del 'Doblete' de Liga y Copa.

Pero faltaba algo esencial: la gente. Los aficionados que sí pudieron regresar en algunos campos no podían hacerlo en la Comunidad de Madrid por la situación epidemiológica. Aun así, no fallaron a su cita varios centenares que se colocaron en los márgenes del túnel por el que accede al estadio el autobús.

Es más, un millar de aficionados continuaron animando al equipo rojiblanco desde el exterior del estadio, audibles sus cánticos para los jugadores que se fajaban en el césped.

A fe que respondieron los de rojiblanco. Su salida fue en tromba, pero tropezaron con un muro, nacido hace casi 28 años en Miranda de Ebro (Burgos): Sergio Herrera. Sereno, rápido, mayestático, el portero osasunista se convirtió en la mayor pesadilla de los delanteros rojiblancos.

Luis Suárez, de los fallos al grito al cielo

Sobre todo, de Luis Suárez. El uruguayo estaba inquieto, sabía que era su momento para ser decisivo y estuvo activo desde el principio. Encorsetado en los límites del fuera de juego en los primeros minutos, se llevó con astucia un rechace tras un intento de disparo de Correa para llevarse el balón y plantarse ante el portero: ganó el envite Herrera.

La revancha tardó poco. Apenas un minuto después, el uruguayo se plantó de nuevo ante el portero, que le sacó el balón con el pie, pero la jugada estaba invalidada por fuera de juego. Cuatro minutos después, mismos protagonistas, esta vez situación legal, y mismo resultado: la sacó Herrera, disparó Correa tras el rechace, a los brazos del portero burgalés.

Suárez no cejó en el empeño. Incluso de tacón intentó rematar un centro raso de Mario Hermoso, pero no consiguió contactar el balón de forma suficiente.

Pero su gran ocasión llegó cinco minutos después, en el 22, cuando un magnífico control de Correa en la línea de fondo le permitió servirle un auténtico pase de la muerte. Suárez no golpeó de primeras, esperó, eligió, y su disparo ajustado al primer palo golpeó en el poste. El mismo con el que se encontró Saúl al borde del descanso. No había caso: se fueron al vestuario con 0-0.

Más de lo mismo en la segunda, aunque con un Atlético menos incisivo. Aun así, llegó a marcar el conjunto rojiblanco. No una, sino dos veces. Ambas anuladas por fuera de juego. El primero, del montenegrino Stefan Savic que remató en fuera de juego la prolongación de cabeza de Saúl a un saque de falta. El segundo, de Carrasco tras un pase al espacio de Correa.

Renan Lodi, clave atrás y arriba

El gol llegó... pero en otro sentido. El croata Ante Budimir aprovechó un magnífico servicio de Rubén García y una desatención del recién incorporado Renan Lodi para rematar de forma inapelable. Lo sacó Jan Oblak, pero el balón había entrado y fue gol. El título se escapaba, incluso la iniciativa, porque el Real Madrid ya ganaba.

"Estamos tranquilos, que el gol va a llegar", dijo Simeone a los suyos en la pausa de hidratación. Llegó, porque Lodi enmendó su error con una galopada al espacio y un chutazo al que se venció Herrera; y porque Suárez acabó desquitándose marcando su vigésimo gol de la temporada, el más importante y con el máximo sufrimiento. Puro Atlético de Madrid, que volverá a jugarse LaLiga Santander en la última jornada, como en el título de 2014. Ganando será campeón.

Los jugadores del Atlético de Madrid celebran el gol de Luis Suárez (Foto: ATM).
Los jugadores del Atlético de Madrid celebran el gol de Luis Suárez (Foto: ATM).
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