Un malagueño, profesor y campeón de Copa en Islandia

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F. Navajas

Jueves, 19 de Septiembre de 2019. 20:44
Fran Marmolejo, levantando la Copa de Islandia (Foto: Facebook/Fran Marmolejo).
Fran Marmolejo, levantando la Copa de Islandia (Foto: Facebook/Fran Marmolejo).

Hace varios años que Fran Marmolejo, guardameta que pasó por la cantera del Málaga CF -era un habitual en los entrenamientos con Muñiz, Tapia o Pellegrini-, además de por el Marbella o El Palo, emprendió el rumbo hacia un fútbol diferente. Cogió el petate y marchó a tierras nórdicas con un doble propósito. Además de crecer como futbolista, y asumiendo que toda carrera deportiva toca a su fin, continuó formándose, estudiando, creciendo. Ahora, además de proclamarse campeón de la Copa de Islandia con el Víkingur Reykjavík, Marmolejo trabaja como profesor y prosigue con su formación.

Dos años en el Jönköpings Sodra, en el que coincidió con Álex Portillo y Sergio Cala, le sirvieron para conocer otro fútbol, otra cultura. Y lo más importante, para adaptarse a ella. La escasez de oportunidades le llevó a Islandia, donde, tras un paso por el Víkingur Ólafsvík, aterrizó en otro de los equipos vikingos, el Reyjkavík. Allí acaba de proclamarse campeón de Copa, título que le valdrá al equipo para competir en Europa. En la final, el Víkingur Reykjavík doblegó (1-0) al Hafnarfjordur, gracias a un gol de Karlsson desde el punto de penalti.

Marmolejo, a sus 31 años, sigue teniendo al fútbol como su leitmotiv para continuar en el frío islandés, pero asume desde hace tiempo que la pelota un día dejará de rodar para él. Continúa estudiando inglés y en 2020, ya una vez encontrada la estabilidad vital y laboral, iniciará un máster a distancia.

Todo mientras trata de complicarle la vida a su entrenador en busca de minutos, en un fútbol en el que se prima, quizá en demasía, el producto local. Con una Copa bajo el brazo, y la ilusión del que hace lo que desea, Fran Marmolejo sigue disfrutando de una experiencia única y que le valdrá para asentar un futuro de provecho. Alguien que un día se forjó deteniendo balones a Salva Ballesta, Rondón o Baptista bajo la atenta mirada de Pellegrini.

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