El sello de ETA en el penúltimo Sabadell-Málaga

Algunas fotos del atentado, la portada de 'El País', y Makanaky y Priego en un Málaga-Sabadell.
Algunas fotos del atentado, la portada de 'El País', y Makanaky y Priego en un Málaga-Sabadell.

ETA ha pasado de ser una terrorífica realidad a una enriquecedora ficción. Nueve años después de anunciar el cese definitivo de su actividad armada y con 864 asesinatos a sus espaldas, si se habla de la organización terrorista en presente es por las diferentes series y documentales que varias plataformas han estrenado en el último año. A saber: ‘Patria’ (HBO), ‘El Desafío: ETA’ (Amazon) o ‘La línea invisible’ y ‘ETA: el final del silencio’, ambas de Movistar. Los niños de hoy crecen con ETA en la tele y en los smartphones, los de ayer lo hicimos con ETA en las calles.

Porque ETA estuvo ahí, enfrente, sembrando el terror y el miedo en todos los rincones del país durante décadas. Málaga lo sufrió con una ola de atentados, acabando uno de ellos con la vida del concejal del Ayuntamiento José María Martín Carpena. Menos conocida es la historia del CD Málaga, al que le rozó una masacre de la que se van a cumplir ahora 30 años, la de Sabadell del 8 de diciembre de 1990, que se llevó por delante la vida de seis policías nacionales que iban a velar por la seguridad del partido entre el equipo arlequinado y el blanquiazul en la Nova Creu Alta.

Al Málaga la rozó al atentado de Sabadell, del que se van a cumplir 30 años en diciembre. Seis policías nacionales que se dirigían al partido fueron asesinados

Un coche bomba hasta arriba de metralla y ubicado en un cruce muy concurrido de la localidad barcelonesa fue detonado a distancia al paso del furgón policial, provocando la muerte en el acto de los seis agentes, dejando graves a otros dos, y a nueve civiles heridos. Fue el atentado más mortífero de ETA en 1990 y se le atribuyó al 'Comando Barcelona' que, con los Juegos Olímpicos de 1992 a la vista, intensificaron su campaña en la región catalana. El atentado se produjo a 500 metros de la comisaría del CNP en Sabadell, durante el trayecto desde allí al estadio, un trayecto que minutos antes, junto a otro furgón policial, había tomado el autobús del Málaga para disputar el partido. "Fue un episodio triste. Nos dijeron que ese furgón nos tenía que escoltar a nosotros, pero como se retrasaron nos fuimos", apunta Juan Carlos Pérez Frías, que ya era el doctor desplazado hace tres décadas.

“Estamos vivos de milagro”, suele recordar Miguel Hilillo, entonces delegado del Málaga y al que le sobrevienen los recuerdos con motivo de la próxima visita del equipo blanquiazul a Sabadell. Aquella fue la penúltima vez que ambos se vieron las caras en aquel campo con las gradas de cemento. En la expedición también estaba Francisco Martín Aguilar, ahora consejero consultivo y que sigue siendo uno más en los desplazamientos del primer equipo. “Fue una experiencia dramática por el susto tremendo que nos llevamos. Justo estuvimos parados en ese semáforo unos minutos antes. Y cuando llegamos al estadio, bajando la escalera, escuchamos el tronío. El chófer de nuestro autobús lo atribuyó a la goma de un camión, pero vimos a la policía salir corriendo. Había sido un atentado”, relata cristalino el consejero blanquiazul.

"Fue una experiencia dramática por el susto tremendo que nos llevamos. Justo estuvimos parados en ese semáforo unos minutos antes. Y cuando llegamos al estadio, bajando la escalera, escuchamos el tronío"

No eran tiempos de Twitter, más bien de radio. Fue el periodista Antonio Guadamuro (q.e.p.d.) quien dio la noticia a los malaguistas por la radio desde el lugar de los hechos. Ir a los sitios y contar lo que pasa, en eso se basa el periodismo. Y eso hizo Guadamuro. Tampoco eran tiempos de móviles, aunque Martín Aguilar sí tenía uno de aquellos ladrillos de antaño, un Ericsson al que le llamó su mujer cuando escuchó la noticia en la radio. La explosión tuvo lugar a las 16:45 horas y el partido se jugó a las 18:00. Porque el partido se disputó. El fútbol tenía entonces otra dimensión, y el duelo se llevó a cabo, eso sí, previo minuto de silencio por los que ya eran víctimas mortales del suceso. “Nos quisimos negar a jugar, pero el partido era televisado y como habían cobrado no quisieron parar”, recuerda el fisio Javier Souviron. El servicio de seguridad del encuentro fue prestado por agentes de la Guardia Urbana de Sabadell, quienes sustituyeron en esta función a la Policía Nacional.

El Málaga, al que entrenaba Abdallah Ben Barek, perdió aquel partido por 1-0 con gol de Barbarà. Era la 14ª jornada de liga en Segunda, y los blanquiazules no pudieron sacar nada positivo de su visita. El regreso, con Barcelona entera colapsada por los controles policiales, fue bastante accidentado y la expedición blanquiazul tuvo que hacer noche en la Ciudad Condal, coincidiendo en el hotel con el Caja de Ronda de Martín Urbano, quien acababa de suplir a Mario Pesquera. Al día siguiente pudieron regresar a Málaga. Lo hicieron con la bronca de la derrota, pero también con el miedo de haber sentido muy cerca un cruento atentado de la banda terrorista ETA que se saldó con la vida de seis policías y con el sufrimiento eterno de seis familias.

1 comentario

  1. Pepe Luis

    Aún recuerdo aquel día, cerca de esa esquina en el centro de Sabadell, en un bar, íbamos a hacer el mismo recorrido pero nos quedamos a tomar otra copa mas antes de ir a La Creu Alta, una vez dentro del campo no paraba de llover, acabamos exhaustos y empapados hasta arriba en un partido del Málaga soporífero, la copa nos salvó del atentado, luego en la autopista mas de 3 horas en caravana por los controles policiales, llegamos a Málaga al día siguiente, jamás olvidaré aquel estruendo

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