Aquellos maravillosos viajes

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Javier Souviron

Un viaje del Málaga en un chárter de hélices.
Un viaje del Málaga en un chárter de hélices.

Una de las cosas que más te preguntan tus amigos cuando uno tiene la suerte de trabajar en el deporte profesional –y más en el fútbol– es sobre tus viajes y sobre las ciudades que visitas, los hoteles… Yo he tenido la suerte de viajar mucho y de conocer muchos hoteles y campos de fútbol. Ciudades, lo que es conocer, no tanto. En los viajes para jugar partidos es aeropuerto-hotel-alrededores de hotel-campo-aeropuerto-casa. Eso si el equipo anda bien de dinero, si no: estadio-almohada-autobús-mucho autobús-hotel-campo-y más autobús hasta Málaga.

Entre tanto viaje he tenido muchas anécdotas que contaros y también distintas formas de desplazarme, donde he combinado todo tipo de vehículos según la época y, como os decía, economía. De los primeros viajes que recuerdo fue uno a A Coruña. Nos hicieron un auténtico ‘robo’ de partido, como se suele decir. Dos expulsados, dos lesionados y de postre volvimos en autobús hasta Madrid nevándonos y casi sin ver la carretera. Un viaje realmente dramático para debutar en este equipo.

En otra ocasión a un directivo fijo en los viajes, Paco Martín Aguilar, quizá la persona con la que más kilómetros he hecho en mi vida, lo vi sentado toda la noche junto al conductor. Era un viaje largo, volvíamos de Logroño en autobús, una verdadera paliza para él sentado y dando conversación al conductor. Al llegar a Málaga le pregunté sobre ese alarde de copiloto todo el camino, y me confesó que el día antes paseando por Logroño con el conductor y dueño del autobús a su vez le dio un dolor en el pecho y como padecía de corazón se temía lo peor durante el viaje.

En un viaje nos paró la Guardia Civil andando por la carretera y una ocurrencia de Antonio Benítez no salvó: "Señor agente, nosotros en Andalucía no tenemos autopistas así que no sabemos qué está prohibido"

A Antonio Benítez le gustaba después de que comiéramos en carretera hacer caminar al equipo un rato. En uno de esos viajes interminables veníamos de haber jugado en el País Vasco y nos desplazábamos a Cataluña a jugar otro encuentro. Como os decía comimos en un restaurante de carretera –para eso era un genio el delegado Miguel Hilillo y su agenda donde puntuaba y tenía recogidos todos los bares y restaurantes de carreteras de toda España–. Terminamos la comida y echamos a andar. Al rato de caminar nos aparecieron dos motoristas de la Guardia Civil y nos pararon. Todos decíamos lo mismo: “El de atrás nos ha puesto a andar”. Cuando llegó el de atrás, Antonio Benitez, los policías le increparon para multarnos ya que estaba prohibido andar por las autopistas. El míster, genial en los banquillos y fuera, tuvo una ocurrencia que nos salvó: “Señor agente, nosotros en Andalucía no tenemos autopistas así que no sabemos qué está prohibido”. El policía comenzó a reír y nos dejó seguir.

Una expedición camino a cualquier parte... ¡Y estrenando traje de Cortefiel!
Una expedición camino a cualquier parte... ¡Y estrenando traje de Cortefiel!

En otra ocasión llegamos a Hungría. Íbamos a la concentración con el equipo y de entrenador con Ladislao Kubala (qepd). Recuerdo que era una noche cerrada y en una carretera olvidada nos paró la policía. Deciros que era la época dura, antes de la caída del muro de Berlín, y en Hungría imaginaos: todos sentados y unos policías con metralletas en el autobús pidiéndonos la documentación… Miramos a Kubala y estaba blanco y agachado detrás del asiento. Él se había escapado de Hungría cuando era joven y pensaba que lo detendrían. Al final, un banderín y unos escudos lo solucionan todo.

Hay dos frases que siempre que he subido a un autobús del equipo se me han quedado en el recuerdo y por más que pasan los años no las olvido. Una, siempre que salíamos para hacer nuestro viaje, se escuchaba a la altura de Las Pedrizas desde el fondo del autobús: “¿Este equipo no come?”. El gran Antonio Hierro no fallaba. La otra venía cuando surgía el debate de la película de vídeo que poníamos en el bus (yo era el encargado de alquilarlas). Imaginaos el problema, siempre se escuchaba la voz de José Antonio Gallardo (qepd) diciendo: “¡Pon Alguien voló sobre el nido del Cucú!”. Sobre el tema de las películas os contaré una anécdota más. Normalmente eran bélicas o de risa para la ida y algo picantes para la vuelta. Un año no se pusieron las picantes porque llevábamos un menor de edad con nosotros: Emilio, que con 17 años debutó con el primer equipo.

"Un año no se pusieron las películas picantes en el autobús porque llevábamos un menor de edad con nosotros: Emilio, que con 17 años debutó con el primer equipo"

No todos los viajes fueron en autobús. Algunas veces cogíamos coches-cama desde el norte hasta Madrid, y allí avión a Málaga. En una ocasión veníamos de Galicia y habíamos tenido un arbitraje de esos de aquella época: terriblemente malo con varias tarjetas, discusiones... Ya en el tren recuerdo que en el vagón restaurante íbamos la plantilla cenando, se abrió la puerta y apareció el señor colegiado y su bigotito muy afilado. Se paseó mirando uno a uno por las mesas y el míster Benítez, curtido en mil batallas, nos advirtió: “¡Silencio, el acta siempre está abierta hasta que se entrega!”. Así que nos aguantamos todos.

Los viajes nunca fueron tan malos en autobús, hubo algunos más anecdóticos aún. En una ocasión jugábamos en el Carlos Tartiere y el autobús que nos envió la agencia era de lo más viejo que podíamos imaginar. Así que, como nos temíamos, nos dejó tirados camino del estadio. Podéis imaginaros la llegada que tuvimos andando por las calles de los alrededores del campo saltando vallas. Pero eso sí, entramos con mucha dignidad con nuestras chaquetas y corbatas andando al estadio. La gente no daba crédito.

Ya en épocas más recientes el club comenzaba a mejorar en muchos aspectos y uno de ellos eran los viajes. El Málaga solía contratar con una compañía los vuelos chárter, y no sé si por problemas de dinero o qué cosa, pero nuestros aviones eran los más pequeños del mercado. Aviones de hélice donde entrábamos los justos por el número reducido de plazas y donde en más de una ocasión, entre combustible y material mojado, teníamos problemas para el despegue. Imaginaos atravesar España en un avión de estos que hacían la ruta Málaga-Melilla. Volábamos más bajo de lo normal y las turbulencias nos las llevábamos todas. Yo, que no soy un gran amante de volar, muchas veces estaba en el banquillo mirando al cielo por si llovía o hacía mal tiempo pensando en el regreso. Normalmente viajaba con los pilotos, lugar donde iba mucho más tranquilo o ayudaba a la azafata y así me relajaba. Aquellos aviones con mal tiempo tenían dificultades de despegue y había algunos que nos daban más de un susto. Desgraciadamente uno de estos aviones tuvo un fatal accidente viniendo de Melilla y su comandante, que era muy conocido por nosotros, murió (qepd).

Algunas imágenes que tomé en Sarajevo.
Algunas imágenes que tomé en Sarajevo.

De los viajes que más hemos disfrutado, posiblemente, hayan sido los que el equipo nos llevaba a Europa: Grecia, Bélgica, Holanda, Inglaterra, Bosnia… En Sarajevo tuvimos una experiencia extraña aterrizar en un aeropuerto tomado por cascos azules y militares. Me transportó a mi época de África y a la Guerra de Angola. Encontrarte una ciudad destruida y en donde habían vivido días terribles me produjo una sensación muy dura.

Pero os quiero contar el que para mí fue quizá de los momentos y vivencias más tristes de un viaje. A por los equipos de fútbol siempre venía un furgón de policía y los escoltaba desde el hotel hasta el estadio. Nosotros íbamos desde Barcelona al campo del Sabadell. El furgón de la policía, llegando al campo, paró para recoger a un compañero y nosotros seguimos al campo. Entrando el autobús al estadio escuchamos un estruendo terrible. ETA había reventado al furgón que nos había escoltado provocando el fallecimiento de numerosos agentes. Nada más conocer la noticia nosotros nos negamos a jugar aquel partido, pero se nos obligó porque el Sabadell ya había cobrado de la TV3. Solo nosotros paramos un minuto en señal de protesta cuando el árbitro indicó el comienzo del partido. Desde ese día dejó de gustarme el deporte profesional.

Algunas fotos del atentado, la portada de 'El País', y Makanaky y Priego en un Málaga-Sabadell.
Algunas fotos del atentado, la portada de 'El País', y Makanaky y Priego en un Málaga-Sabadell.

Javier Souviron fue masajista del Málaga durante casi tres décadas. Actualmente, aparte de su vinculación profesional activa al ciclismo y su pasión por la literatura y la fotografía, es enfermero en el Hospital de la Axarquía. Ahora comparte sus vivencias desde dentro en el blog de ElDesmarque 'El niño que soñó pisar La Rosaleda'.

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Souviron con Felipe Orts, campeón de España de ciclocross.
Souviron con Felipe Orts, campeón de España de ciclocross.

2 comentarios

  1. Sebastián

    Muy interesante testimonio de tus viajes con el equipo. Muchas gracias, Javier.

  2. Pedro Martin Graciani

    Javier, solo puede decirte que eres genial....

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