Gracias, papá

Jueves, 19 de Marzo de 2020. 21:35

En mi casa no somos muy de celebrar el Día del Padre o el Día de la Madre. Somos más de juntarnos cualquier día, sin razón, y meternos una buena comilona entre pecho y espalda. Pero hoy ha sido un 19 de marzo un tanto especial. Quizá sea la distancia, quizá sea el confinamiento por este maldito coronavirus, quizá sea que estamos más sensibles de lo habitual por el exceso de horas libres. Desconozco la razón.

Este jueves, apenas 24 horas después de que nos dejara el ‘Yayo’ Joaquín Peiró, me he parado a pensar en todo lo que tengo que agradecerle a mi padre. Y, entre los millones de cosas valiosas que me ha dado, mi mente se ha parado en un momento y un lugar concretos: un partido del Málaga CF en La Rosaleda. Incapaz de decir con certeza la fecha exacta, sólo recuerdo que yo, bien pequeñita, iba agarrada a la mano de mi padre subiendo por esas escaleras imposibles por las que se accedía a la zona más recóndita de Fondo Alto. Y que ese día me cambió la vida para siempre.

La Rosaleda.
La Rosaleda.

Ese día aprendí que, para llegar arriba y tocar el cielo, siempre hay que sufrir; y que precisamente la palabra sufrimiento es sinónimo de malaguismo. Aprendí además que, digan lo que digan, el que pisa el 'templo' por primera vez ya nunca lo olvida y siempre quiere volver -y quien diga que no, miente-. También aprendí que compartir con tu padre una pasión -muchas, en nuestro caso- te ayudará a que la mayoría de días del año sean el Día del Padre, porque podrás vivir junto a él miles de momentos especiales. Pero, sobre todo, aprendí a ser agradecida y a valorar los pequeños detalles, como esa bufanda del Málaga de lana gorda que tanto picaba y que yo, feliz porque me la había regalado mi padre, me ponía hasta en los días en los que el sol pegaba fuerte en nuestra querida ciudad o esa Fanta que acabé derramando en la espalda de nuestro vecino de asiento -a esta historia le daré una vuelta más adelante-.

Ese día aprendí que, para llegar arriba y tocar el cielo, siempre hay que sufrir; y que precisamente la palabra sufrimiento es sinónimo de malaguismo

Así que gracias, papá. Porque de tu mano vi al Málaga dejar atrás el infierno de Segunda B. De tu mano vi a Peiró hacer magia y llevarnos a la mismísima gloria. De tu mano vi al Málaga ganar la Intertoto. De tu mano, aunque estuviese a casi 2.000 kilómetros, lo he visto clasificarse para la Champions. De tu mano, aunque tú estuvieras en esa habitación del Civil, también vi a ese Málaga de Isco, Camacho, Joaquín y Baptista; lo vi caer en Dortmund contigo de vuelta en casa. De tu mano descubrí que el fútbol te da y te quita a partes casi iguales. Pero de tu mano también descubrí que sufrir este malaguismo -valga la redundancia- era menos duro si lo hacía contigo.

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