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El Camino: Una entretenida pero intrascendente película de Breaking bad

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Adrián González Viña

Viernes, 11 de Octubre de 2019. 18:14

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** este escrito contiene spoilers **

Vince Gilligan tenía dos caminos que afrontar a la hora de hacer esta película. O bien podía servir una continuación directa de la conclusión de Jesse en Breaking bad, o bien saltar hacia delante en el tiempo y mostrarnos el futuro a largo plazo del chico.

Ambas eran respetables sobre el papel y bien hechas podían dar como resultado algo apasionante. Finalmente, el creador se ha decantado por la primera, y su debut como director en el mundo del largometraje se alza como una tensa pero en última instancia intrascendente coda a su extraordinaria serie.

Lo cual no quiere decir que El Camino: Una película de Breaking bad sea una mala película. Todo lo contrario. Está excelentemente interpretada, rodada, montada y sonorizada. Gilligan y su equipo trasladan a la perfección el espíritu de la serie a la pantalla grande, pero el resultado se asemeja más al final de Breaking bad, digno pero no impecable que a los mejores episodios, como Ozymandias o Un minuto.

La acción se concentra en el par de días posterior al escape de Jesse (un Aaron Paul estupendo), y sigue un camino bastante lineal que nos llevará a una conclusión que no por esperada es menos emotiva. Jesse no va a rendirse a la policía, así que lo único que puede hacer es tratar de reunir el dinero suficiente para empezar una nueva vida en otro lugar.

El arranque de El Camino: Una película de Breaking bad es electrizante, y promete 120 minutos de calidad. Pero Gilligan tiene que tomar una decisión como guionista sobre si los efectos del secuestro y tortura de Jesse van a marcar al joven.

Y tristemente decide que, más allá del primer cuarto de hora, el espectador se sienta seguro al ver que ‘nuestro Jesse’ ha vuelto. Es una decisión comprensible pero un poco cobarde, y que marca el tono de una cinta que no tiene mayores pretensiones que hacer pasar un rato entretenido. Lo cual es probablemente la mayor decepción, porque se obvia lo psicológico en favor de la pirotecnia.

Prueba de que esto es que el desarrollo de la historia llega un punto en que se estanca y el relato se asemeja más a una yincana que a otra cosa. El encadenado de flashbacks para justificar las acciones de Jesse es un recurso simplón, pero que funciona más cuando trae regresos (Mike, Todd, Jane) que cuando se regodea en la cruel experiencia del chico (la apuesta).

El director y guionista lo tenía difícil a la hora de afrontar el proyecto, porque hay que tratar de conseguir un equilibrio complejo. Pero a diferencia de la magnífica Better Call Saul, aquí la constricción temporal le ha llevado al camino más sencillo: crear una historia fácil de seguir, con guiños que hacen la delicia del fan y manteniendo el amor por su magullada criatura: Jesse Pinkman, que cuando conduce hacia su nuevo futuro en el final de El Camino: Una película de Breaking bad nos hace muy feliz. Porque ha ganado. Exactamente igual que en la serie. ¿Se entiende mejor así el leve chasco?

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