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La fascinante trama #MeToo de Orange is the new black

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Adrián González Viña

Sábado, 31 de Agosto de 2019. 21:07

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* este escrito contiene spoilers de la última temporada de Orange is the new black *

Orange is the new black (2013-2019) ha llegado a su fin, pero no sin antes volver a hacer pensar a los espectadores con un puñado de tramas que reflejan la complicada realidad del Estados Unidos de ahora.

La serie arrancó en 2013 y en su cronología interna solo han pasado menos de dos años. Pero los guionistas han decidido ser anacrónicos e invocar hechos más recientes en el tiempo. Así han surgido tramas con el movimiento #MeToo o los centros de detención de inmigrante irregulares como eje central.

La subtrama #MeToo ha resultado particularmente fascinante, ya que se ha querido adentrar en los matices que estos casos pueden tener. Para ello se ha elegido a un personaje querido, Joe Caputo, y se ha rebuscado en su pasado. ¿El resultado? Recordar una historia de la propia Orange is the new black, donde la carcelera Susan Fischer contaba su incómoda relación con el hombre.

Caputo y Fischer 
Caputo y Fischer 

Lo fascinante de esta trama, que se desarrollo en la segunda mitad de la temporada, es que parece una autoreflexión de los propios guionistas de la serie. Y lo parece porque cuando plantearon la trama en 2014, que incluía el despecho del hombre (un masturbador crónico) ante el rechazo de la mujer, no se hizo con interés crítico hacia él.

Es como si el equipo que capitanea Jenji Kohan haya reflexionado sobre su propia incomprensión del asunto del acoso sexual. Porque no es solo un episodio físico fácilmente identificable, sino algo como lo que hizo Caputo: chistes sexuales, rencor tras el rechazo, frecuentes y forzados encuentros...

Muchas mujeres coincidieron en historiales similares cuando explotó el #MeToo, y eso hizo que muchos pensaran en hechos de su pasado con otros ojos. Orange is the new black parece haber seguido un camino similar. Ha sometido al personaje masculino a un proceso de introspección que le lleva a entender y admitir su mala conducta. Y, con suerte, ha conducido a los espectadores a pensar un poco sobre las áreas grises del debate. Como parece que los mismos firmantes hicieron.

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