Lopetegui quería mortadela

Bajo el contundente (?) argumento de que había firmado por el Real Madrid justo antes del Mundial y que, por tanto, quedaba marcado en la antimadridista zona de Nervión, a Julen Lopetegui se le miró con sospecha y desencanto nada más llegar. Algo impropio de la sabiduría sevillista, que sí ha salido a flote para rectificar. Algo parecido ha pasado esta semana, cuando el vasco advirtió del tremendo peligro del partido frente al colista después de haber tumbado nada menos que al FC Barcelona. Risas y chanzas. Ni siquiera sirvió el hecho de que Monchi, desde su púlpito, avisara de que sería "el partido más difícil de la semana".

Pasado el partido, es hora de volver a pedirles perdón. Cualquiera que sepa un poco de esto es consciente de dos cosas: que el SD Huesca no es el FC Barcelona y que precisamente por ello corría peligro la mentalización sevillista para jugar este sábado. Justo después de y justo antes de. Semifinal de la Copa del Rey y octavos de final de la Champions. Barcelona y Dortmund. Caviar y champán. Y entre medias, bocadillo de mortadela. Merece esta los mismos respetos, todos, que el Huesca, cuyo buen trabajo precisamente dio la razón a Lopetegui y Monchi.

El juego ralentizado, como sin ganas, del Sevilla FC ante el colista evidenció que Lopetegui verdaderamente se temía lo peor. No era una pose, sino un miedo real a perder este ritmo ganador que enamora al sevillismo, sea o no 14 de febrero. Su ventaja respecto al quinto en LaLiga Santander es cómoda, pero el entrenador ve a los suyos tan enchufados que no tira la toalla a la hora de soñar en el torneo de la regularidad, esperando un desmayo del Atlético de Madrid que aún no llega.

Sin excusar el partido del Sevilla FC, sí es lógico que levante un poco el pie. Y no tiene nada que ver, esta vez, con las rotaciones. Estas llegan más por lo pasado (Barça y Getafe) que por lo que llega (Dortmund). Esto es, nadie puede aguantar este ritmo. Nadie. Y menos un Sevilla que ha tenido sólo cinco días de descanso en verano y que se mantiene en tres competiciones con cada vez menos efectivos. Casi todas las novedades (Sergi Gómez, Gudelj, Óliver, Rekik y Munir) fueron de lo más potable de un partido gris en el que otros sí habituales iban con el freno de mano echado.

Mención especial para dos de ellos. Munir, con gol decisivo y meritorio. Y Gudelj quien, si bien volvió a evidenciar que no es Fernando y que es mejor tenerlo junto a los centrales que más arriba, hizo un Koundé tras la parada de Bono. La mejor parada sin querer de la historia vino continuada de un despeje casi en la línea del serbio. Sí se queda en la hoguera una semana más De Jong. El holandés, que juega a cámara lenta, como si buceara bajo el agua, no aportó ni siquiera ese juego de espaldas que ayuda a armar ataques por fuera. Extraño estado de forma, tan raro como quien sigue cuestionando las proclamas de Lopetegui.

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