La protesta censurada y la 'nueva normalidad'

Jueves, 01 de Octubre de 2020. 23:00

Lo que vivimos en estos tiempos tiene poco de normalidad. Novedoso es, pero esperemos que sea poco duradero porque esto ya no hay quien lo soporte. Y como el fútbol es un reflejo de la sociedad, se vive actualmente tal y como está el mundo. Extraño. Raro. Espeso. Soso. Pero menos mal que sigue existiendo.

Llama la atención que de todas las normas inexplicables -¿les suena?- que planean sobre el fútbol actual –el que entienda lo de las manos, que levante la mano-, la única que se ha matizado hasta el extremo es la de las quejas hacia los árbitros, con aviso incluido de que a partir de ahora no se puede decir ni pío. Protestar un arbitraje es tan fútbol como celebrar un gol, tener la sensación de que algo te han quitado a golpe de pito es más antiguo que el hilo que cose los balones, la mirada fulminante al del silbato es pura esencia futbolística.

No es que Estrada Fernández hiciera un mal arbitraje este jueves en el Ramón Sánchez-Pizjuán en el partido entre el Sevilla FC y el Levante. Tampoco fue bueno. Al menos no fue decisivo y eso es la mejor manera de valorar la actuación del trencilla de turno.

Sin embargo, si en el inicio de la temporada pasada los pisotones por detrás fueron tendencia, en esta lo es la armadura intocable en la que se ha metido el arbitraje. Estrada Fernández sacó en Nervión ocho tarjetas amarillas a los jugadores, y tres más a los técnicos, expulsando de paso a Julen Lopetegui. Revisando el acta, seis de ellas son por el siguiente motivo: “Realizar observaciones a una de mis decisiones”. Más de la mitad de un rosario de tarjetas que para nada corresponden a un partido duro pero con respeto, entre dos equipos muy intensos, que se ha vivido en el Sánchez-Pizjuán.

Estrada Fernández consulta el VAR en el Sevilla-Levante (Foto: Kiko Hurtado).
Estrada Fernández consulta el VAR en el Sevilla-Levante (Foto: Kiko Hurtado).

Y en esto, como en todo, el fútbol sigue siendo reflejo de la sociedad. No son buenos tiempos para los inconformistas, para los que intentan ir más allá de las cosas y no soportan lo que consideran una injusticia. Ni en la calle ni en el fútbol. Y además, han surgido también los árbitros de balcón que todo lo juzgan. No es momento para protestar, aunque sea con toda la educación y respeto del mundo, en las antípodas del desacato. Que pregunten en la otra acera por los ya prejuzgados Pellegrini y Joel, lapidados públicamente simplemente por expresar lo evidente.

No son buenos tiempos para los inconformistas, para los que intentan ir más allá de las cosas y no soportan lo que consideran una injusticia. Ni en la calle ni en el fútbol

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