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El secreto de sus ojos

"Elija bien. Lo único que nos queda son recuerdos. Al menos que sean lindos, ¿no?".

No hace mucho, las bandas del Sánchez-Pizjuán eran el prado por donde cada domingo de fútbol parecía haber pasado una manada de búfalos en estampida. No hay que remontarse al irrepetible dúo formado por Dani Alves y Jesús Navas, sino mucho más cerca en tiempo. Vitolo volvió este domingo a entrar y salir con los ojos apuntando hacia abajo de ese prado que antes era suyo y que ahora es arrasado por una impertinencia constante llamada Lucas Ocampos.

Sólo hay que ver la mirada que hoy tienen uno y otro para entender que todas las cualidades técnicas y físicas que uno pueda poseer dependen de un motor que tire de ellas. En el Sevilla hay hambre, ilusión, un camino trazado, estabilidad, pocos complejos y cabeza alta ante la adversidad. Un clima perfectamente orquestado y del que disfrutó Vitolo hace un lustro. No se trata de reavivar el fuego que un día provocó en Nervión el canario, sino de un nuevo lamento público por ver cómo la carrera de un excelente futbolista se truncó por un enorme puñado de billetes que resultaron envenenados.

Ocampos celebra su gol al Atlético de Madrid (Foto: Kiko Hurtado).
Ocampos celebra su gol al Atlético de Madrid (Foto: Kiko Hurtado).

"Ya no sé si es un recuerdo o el recuerdo de un recuerdo lo que me va quedando...".

Hoy, esas bandas del Sánchez-Pizjuán son propiedad de Ocampos. Alguna lágrima le caería a Vitolo al cruzarse con el argentino en la que fue su casa. Al ver a ese tío de blanco subiendo y bajando sin parar, asistiendo en el gol, haciendo coberturas defensivas en el 80' aunque el Getafe estuviera rendido y pese a haberlo hecho exactamente igual menos de tres días antes en La Romareda, ante un Segunda División. "Ese era yo", debió pensar en algún momento el hoy azulón.

Se le volvió a pitar en Nervión, pero ya por inercia. Nadie olvida lo que hizo, pero hay cosas más importantes en las que centrarse y otros nombres propios que pronunciar. Por ejemplo, el del propio Ocampos. El atacante del Sevilla está en un momento de forma excelente y deja un recado para cuando la enfermería se vacíe: por la derecha es un torbellino, esa estampida de búfalos que saca al Sevilla de Lopetegui de la previsibilidad y la armonía. Ha sido posible 'gracias' a la lesión de Suso, por lo que cabe pensar que cuando el gaditano esté de nuevo operativo Ocampos tendrá que regresar a su exilio por la izquierda.

Papu Gómez, en un partido del Sevilla (Foto: Kiko Hurtado).
Papu Gómez, en un partido del Sevilla (Foto: Kiko Hurtado).

"Un tipo puede hacer cualquier cosa para ser distinto, puede cambiar de cara, de casa, de familia, de novia, de religión. Pero hay una cosa que no puede cambiar: de pasión".

La plaga de bajas ha provocado más cosas. El Papu del Sevilla saldrá menos por Youtube que el del Atalanta porque el Papu del Sevilla es distinto. No le queda otra en un equipo que no tiene ese descaro ofensivo que Gasperini imprime al equipo de Bérgamo. Pero el Papu es pasión con la pelota. Entre él y un Rakitic ya en forma el Sevilla ha descubierto una forma más llevadera de echar de menos a Banega. El Papu da pausa y aceleración al juego por el centro y conecta con el croata a la perfección. Ha cambiado de cara, pero conserva su pasión. Un nuevo registro que, precisamente ahora, le viene de lujo al Sevilla.

Como de Acuña y Fernando está todo dicho, me centraré en otros dos nombres propios. Diego Carlos y Rafa Mir. Al primero sólo le queda que le dejen tirar de una vez alguna de las faltas que sus compañeros mandan a la grada. El temporadón que está firmando el brasileño hace justicia al segundo plano al que, injustamente, le mandó la explosión de Koundé. ¿Cuántos millones vale esa fuerza, rapidez, calibre de quarterback, regularidad y liderazgo? En el otro extremo del campo vimos a un Rafa Mir que se empeña en confirmar la sensación que ya experimentamos con En-Nesyri: hace cosas mal (no aprovechar su corpulencia para jugar de espaldas en un equipo en el que el delantero centro juega casi todo el partido de espaldas) pero muchas bien, siendo las primeras perfectamente corregibles. Nueve goles lleva mientras las va aprendiendo.

El once del Sevilla en el partido de la Liga disputado en el Benito Villamarín.
El once del Sevilla en el partido de la Liga disputado en el Benito Villamarín.

"Los ojos hablan".

La mirada del Sevilla dice que sí, que vale, que lleva casi dos meses en cuadro, que le quedan menos de 15 jugadores disponibles, que afronta un mes decisivo sin el que mete más goles ni el que más los para. Pero que luchará contra el Real Madrid hasta que muera, si es que tiene que morir. Y que su ADN le impide, pese al temporal en contra, dejar de competir a tope en las otras dos competiciones, aunque sea contraproducente para lo primero. Los ojos hablan, los de todos. Nos desvelan secretos, ambiciones y también miedos.

(Las frases entrecomilladas están extraídas de la excelente película argentina 'El secreto de sus ojos', que da título a este artículo).

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