Las anécdotas de Españeta: de un secuestro a Pedro Picapiedra

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Manuel Morera

Jueves, 15 de Octubre de 2020. 12:08

Cincuenta y cinco años al servicio de un club dan para mucho. Para momentos de alegría, como las tres Ligas ganadas, las cuatro copas del Rey o para levantar títulos europeos como la UEFA o la Supercopa. También para momentos amargos como un descenso a Segunda División. Españeta se convirtió en el hombre con más títulos en la historia del Valencia CF y, además, dejó para el recuerdo un sinfín de anécdotas que engrandecieron su leyenda hasta convertirlo en una parte indispensable del escudo. El utillero más famoso del mundo se prestaba para todo. Si tenía que guardar el reloj a Mijatovic, lo hacía. Si tenía que protagonizar una campaña en la que era secuestrado, era el protagonista. Si tenía que falsificar la firma de Kempes, acababa con un cheque de 100.000 pesetas.

Bernardo España "Españeta" Edo estuvo ligado al Valencia CF toda su vida, coincidió con la mayoría de jugadores históricos de la entidad y, con indiferencia del tiempo que permanecieran en Mestalla, todos guardan un buen recuerdo de él. Un hombre de club que acabó siendo más ovacionado que los futbolistas en las presentaciones y que respondía a los aplausos con su clásico saludo de torero.

El genio de las firmas y el cheque de Kempes

Una de las habilidades de Españeta era su capacidad para calcar la firma de cualquier jugador del Valencia CF. Una situación que los futbolistas aprovecharon a su favor. El utillero se encargaba de firmar los balones, banderines, guantes y todos los productos que se pedía a los jugadores que rubricasen.

Kempes, al que Españeta consideraba un hermano, durante el partido de las Leyendas. (Foto: Valencia CF)
Kempes, al que Españeta consideraba un hermano, durante el partido de las Leyendas. (Foto: Valencia CF)

La maña de Españeta era tal que un día Kempes quiso ponerla a prueba y retó al valenciano. Bernardo tenía que entrar a un banco, falsificar la firma del Matador en un cheque y extraer 100.000 pesetas. Minutos después, lo había conseguido. El argentino se echaba las manos a la cabeza. Como premio le entregó la mitad del dinero.

Los secuestradores que lo querían madridista

Españeta era un reclamo para el valencianismo. Todos acudían a su llamada, por encima de cualquier leyenda del club. Esto provocó algo único en el mundo del fútbol. El utillero era el protagonista de las campañas de marketing de la entidad. La más conocida se produjo de la mano de un sponsor che. El próximo partido de los blanquinegros era contra el Real Madrid y quisieron promocionarlo. La solución fue "Salvemos a Españeta".

La promoción era rocambolesca. Unos encapuchados aparecieron en la Ciudad Deportiva de Paterna y secuestraron a Españeta. ¿Su objetivo? Hacerlo merengue. La afición tendría que evitarlo y, obviamente, nadie consiguió que Bernardo España se hiciera del Real Madrid. También protagonizó una campaña de abonos valencianista, donde era el encargado de cambiar el corazón de un madridista para convertirlo en un che de los pies a la cabeza.

El Pedro Picapiedra más bestia

La relación entre la plantilla y Españeta siempre ha sido excelente. En 55 años todos los jugadores, independientemente de la época, se han deshecho en elogios. Esto ha provocado que se hayan gastado bromas de todo tipo. Una de las mejores la desveló Fernando Giner. La plantilla se encontraba en Font Romeu, un pueblo por el que todos los coches pasaban obligatoriamente por una calle. Disfrazaron a Españeta de Pedro Picapiedra con una salvedad, la porra fue sustituida por un hacha. Los futbolistas se pintaron sangre en cuello y brazos. Cuando un vehículo se acercaba, el utillero salía a la carretera a perseguirlo mientras que uno de los jugadores se tiraba al suelo.

Españeta, el malabarista del balón

Españeta comenzó a patear un balón en Ruzafa y tenía calidad para haber llegado a la élite del fútbol. Sin embargo, con 17 años tuvo un accidente de moto que le impidió continuar su carrera. De esa desgracia nació su leyenda, comenzó a colarse en los entrenamientos del Valencia CF y el resto es historia blanquinegra. Aun así, su calidad con el esférico permaneció intacta y mantuvo su buen toque durante toda su vida.

Di Stéfano tuvo que pedirle a Españeta que no realizara toques durante los entrenamientos (Foto: Valencia CF)
Di Stéfano tuvo que pedirle a Españeta que no realizara toques durante los entrenamientos (Foto: Valencia CF)

Desarrolló una gran capacidad para realizar toques con el balón. En un concurso en la Malvarrosa superó los 250 sin que la pelota tocara el suelo y se cuenta que podía alcanzar los 700. Di Stéfano vio su habilidad y tuvo que pedirle que no demostrara sus dotes futbolísticas durante los entrenamientos, pues desalentaba a los futbolistas. Su relación con todos los entrenadores fue magnífica. Con Aragonés vio las mayores broncas a un futbolista. El Sabio pedía a Bernardo que le avisara cuando Romario se presentaba tarde a un entrenamiento, con el objetivo de regañarle.

Villa, Pedja y el "tigre" de Oviedo

Los futbolistas lo reconocen: Españeta les enseñó lo que significaba el Valencia CF. Era común ver a Villa celebrar sus goles en Mestalla acercándose a la silla blanca donde el utillero se sentaba para celebrar los goles con él. Pedja Mijatovic tenía un reloj que se tenía que quitar para disputar los partidos y solo se lo confiaba a Españeta. En una ocasión se le olvidó reclamárselo de vuelta y, para que no le pasara nada al objeto, Bernardo durmió con él.

Porque Españeta ha sido un hombre de club pero, sobre todo, de vestuario. En uno de ellos, concretamente en el del Oviedo, vivió otra de sus rocambolescas aventuras. Estaba preparando todo lo necesario para el encuentro, pero los trabajadores se fueron y cerraron todas las puertas del estadio. Soltaron al perro que cuidaba del campo, al que el utillero describe como "un tigre". El can fue a por él y se tuvo que esconder en el vestuario hasta que el perro decidiera parar de perseguirlo.

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