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La destitución de Escribá no solucionará los problemas endémicos del Celta

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Alberto Bravo

Lunes, 04 de Noviembre de 2019. 15:38
Fran Escribá da indicaciones a sus futbolistas en el Wanda Metropolitano (Foto: LaLiga).
Fran Escribá da indicaciones a sus futbolistas en el Wanda Metropolitano (Foto: LaLiga).

Fran Escribá ya es historia en el Celta de Vigo, prefiero pensar que es historia en positivo, la historia de un entrenador que llegó a un Celta roto y hundido en la tabla para salvarlo, ayudado por Aspas, de un trágico descenso. Su receta de orden y disciplina valió para lograr ese objetivo, pero ¿era necesaria su continuidad más allá del 30 de junio? creo que no, y viendo lo sucedido me ratifico en mi no. Pero la culpa, o al menos gran parte de ella, no corresponde al técnico valenciano.

Los problemas del Celta no son los que ha podido generar Escribá, son problemas endémicos que viven en el propio club, que el propio club, en su afán de controlar todo, provoca temporada tras temporada. Los males del Celta forman parte del ADN de la era Mouriño, brillante en lo económico y llena de luces y sombras en lo deportivo.

Escribá no engañó a nadie, no obligó a nadie para seguir al frente del Celta este curso y desde luego que no le pudo prometer a nadie un fútbol preciosista lleno de buen juego y vértigo, porque esa nunca ha sido la apuesta de Escribá.

El club decide quién es el entrenador, quiénes son los fichajes y qué estilo de juego debe practicar, en muchos casos lanzando mensajes equívocos entre la contratación de un técnico y la plantilla que pone a su disposición, como ha sucedido con Fran Escribá que pedía en sala de prensa perfiles distintos para completar una plantilla en la que el club, como si de una operación salida del departamento de marketing se tratase, solo tenía ojos para la 'Operación Retorno'.

El futuro de Escribá, escrito desde su renovación

Escribá y Mouriño firman el acuerdo de renovación (Foto: RCCV).
Escribá y Mouriño firman el acuerdo de renovación (Foto: RCCV).

La salida de Escribá era la crónica de una destitución anunciada, es imposible que un técnico sobreviva a la interinidad continua de un consejo de administración que en los amistosos de pretemporada ya lo criticaba en público sin ningún tipo de disimulo o pudor. Sus demandas de fichajes tampoco gustaron en la zona noble, pero sin duda sus equivocadas palabras sobre la cantera provocaron un cisma imposible de solucionar.

Su futuro estaba sentenciado y no cayó antes por el apoyo de una plantilla que veía en Escribá un entrenador trabajador, honrado y honesto en su día a día. Pero el mal juego y los malos resultados obligaban al cambio, en su anquilosado estilo de juego, sin duda su gran debe, encajar a las actuales piezas celestes se convertía en un puzzle sin solución. Su 4-4-2 muy rara vez tornó en otro sistema o idea de juego.

A Escribá tampoco le ayudaron las continuas lesiones de una plantilla que caía como moscas semana tras semana, tampoco el mal estado de forma de muchas de las vacas sagradas, empezando por Aspas y terminando en Mallo. En el fútbol actual las diferencias son mínimas y si bajas el nivel cualquier rival de desguaza en un campo de fútbol. Ahora, con la presumible llegada de Óscar García será el momento de ver si estos jugadores, que ahora no llegaban a las segundas jugadas o perdían los duelos individuales, mejoran o no. En el caso de hacerlo Escribá y su preparador físico, Miguel Villagrasa, sí serían responsables de ello.

Pero de lo que Escribá seguro que no es culpable, como tampoco lo ha sido Antonio Mohamed, Miguel Cardoso o Juan Carlos Unzué, es de la confección de una plantilla en la que siempre los cromos, de forma individual, muestran más nivel que el análisis de todo el conjunto. El Celta sigue adoleciendo de jugadores de jerarquía en la medular, de extremos que abran el campo para tener una preciosa colección de mediocentros de poco empaque físico que ni son especialistas en la construcción ni en la destrucción. Lo mismo pasa con la infinita lista de mediapuntas que en A Sede creen que pueden jugar todas juntas.

La dirección deportiva siempre está en un segundo plano, en la elección de jugadores y entrenadores, ese es el verdadero mal del Celta de Vigo. El mal que prevalecerá siempre mientras que las decisiones deportivas las tomen personas ajenas al organigrama deportivo. De ahí que los errores en la elección de entrenador sean más numerosos que los aciertos. El Celta volverá a dejarse seducir por el ADN Barça de Óscar García que heredará un equipo desahuciado y en descenso, pero no por la culpa de Escribá o al menos no solo por su culpa.

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